¿Y si el Loco Abreu fuera el técnico de Uruguay? Una carta en su respaldo




La búsqueda del técnico está mal planteada. No hace falta encontrar al mejor, sino al más uruguayo. Cuesta imaginar a alguien más uruguayo que un tipo capaz de hacer una locura, convertirla en historia y seguir explicándola con un mate en la mano.

Hay quienes dicen que ya teníamos un Loco de dt. Es verdad. Pero son dos especies distintas.

El Loco Bielsa parecía convencido de que el fútbol se entiende después de quinientas horas de video, tres drones, siete pizarras y un informe sobre cómo respira el lateral izquierdo del rival.

El Loco Abreu parece convencido de que, después de todo eso, igual hay que tener el coraje de patear al arco.

Uno desarma el fútbol para entenderlo. El otro lo vuelve a armar con el ruido de una bombilla, un "vamo' arriba" y la sospecha de que pensar demasiado nunca hizo entrar una pelota.

Y hay otra diferencia. Busquen una foto de Bielsa. Casi siempre está mirando hacia abajo, como si acabara de descubrir un problema gravísimo. Ahora busquen una de Abreu. Está sonriendo. Como si estuviera por cebar un mate o cantarle una de la Karibe.

Uruguay ya tiene suficientes caras largas. Para eso están los lunes y los programas deportivos.

Abreu, además, es de Minas. Y eso ya explica bastante. Los minuanos parecen convencidos de que ningún problema es tan urgente como para no cebar un mate antes de resolverlo. Capaz que por eso transmite esa tranquilidad rara de quien cree que siempre hay tiempo para un intento más.

Y cuesta imaginar a alguien llevándose mal con él. En un país donde discutimos por política, por fútbol, por el clima y hasta por cómo se ceba un mate, encontrar a alguien con quien parece imposible pelearse ya es casi un mérito profesional.

Hay otro dato. Abreu jugó en tantos cuadros que el período de adaptación dejó de ser un problema hace años. Hay técnicos que llegan con un cuerpo técnico. Abreu llega con una agenda de contactos. Si organiza un amistoso, corre el riesgo de saludar por el nombre a medio plantel rival. Mientras otros estudian al nueve contrario por video, él probablemente ya compartió vestuario con él... o todavía tiene agendado el teléfono del utilero. Eso no lo enseñan en ningún curso. 

Después está el sueldo. Tres millones de dólares. Dos. Cuatro. Da lo mismo. Si igual vamos a gastar una fortuna, al menos que sea en alguien que nos devuelva una buena historia. Porque pagar millones para escuchar "el rival también juega" es como contratar a un chef cinco estrellas para hervir un huevo.

Así que basta de buscar al técnico perfecto. Uruguay nunca fue perfecto. Fue el país donde un hombre picó un penal en un Mundial y terminó convertido en héroe nacional. Eso dice bastante más de nosotros que cualquier manual de táctica.

Por eso, con el mismo rigor científico con el que cualquier uruguayo arma la selección mientras toma mate, dejo esta proclama:

¡Loco Abreu, técnico de Uruguay!

Y si sale mal... no importa. El lunes haremos lo que mejor hacemos los uruguayos: explicar por qué nosotros ya lo habíamos dicho.


Matías Rótulo 

Inexperto en fútbol