"Siempre terminamos
donde estamos esperando"
José Saramago, El viaje del Elefante
Incluida en el segundo álbum de Almendra, publicado en 1970, "Los elefantes" es una de las composiciones más contemplativas de Luis Alberto Spinetta. Más que describir un animal, Spinetta construye una filosofía de vida en el "alma-paquidermo", una forma de habitar el mundo desde la calma. En esa búsqueda dialogan la espiritualidad oriental, la literatura y una de las imágenes más profundas de toda su obra.
Por Matías Rótulo / Julio 2026
Según contó Luis Alberto Spinetta en Martropía, "Los elefantes", de Almendra, nació después del impacto que le provocó la película Mondo Cane, especialmente las escenas de crueldad hacia los animales. Allí explicó que veía al elefante como un símbolo de serenidad y habló del concepto de "alma-paquidermo": una forma de estar en el mundo desde la calma, la sabiduría y la aceptación. Esa idea atraviesa toda la canción y la acerca a una mirada casi zen, donde el elefante deja de ser un animal para convertirse en una forma de entender la vida. Spinetta toma un símbolo presente en distintas tradiciones religiosas y literarias, pero lo hace propio. El elefante es grande por su cuerpo, pero sobre todo por su espíritu. Desde el primer verso, "Los elefantes saben descansar", y es "saber" aparece como una palabra clave. Ese saber no tiene que ver con la inteligencia académica, sino con una conciencia profunda de la existencia que supera a a inteligencia humana. Los elefantes aparecen como un personaje colectivo. No habla de un individuo, sino de una comunidad que comparte una misma conciencia. Trasladado al plano humano, podrían ser aquellos que alcanzaron cierta sabiduría, ya sea por la experiencia, la edad o la capacidad de comprender el mundo sin la ansiedad que domina al resto de las personas. Cuando en la canción dice que "van a morir en paz", la muerte deja de ser una tragedia. Es parte del camino. El elefante parece conocer su destino y aceptarlo sin desesperación. Esa idea recuerda a El viaje del elefante, de José Saramago. Allí, el animal avanza hacia un final que parece asumir con naturalidad, mientras los seres humanos se pierden entre intereses, jerarquías y fanatismos. La resignación, tanto en Saramago como en Spinetta, no es una derrota: es comprender que hay cosas que forman parte del orden de la vida.
Espiritualidad
La referencia al "creador de la tierra y el sol" amplía esa mirada. Hay una dimensión espiritual evidente. El elefante parece entender un orden superior que une la tierra con el cielo, lo humano con lo trascendente. No es casual que recuerde al hinduismo, donde Ganesha, el dios con cabeza de elefante, simboliza la inteligencia y la superación de los obstáculos, o al budismo, donde el elefante blanco es un signo de pureza y del despertar espiritual. Otro verso resulta especialmente significativo: "si ves cómo se resignan a olvidar su inexplicable soledad". El elefante vive en comunidad, pero aun así conoce la soledad. Es una experiencia inevitable. Lo importante no es vencerla, sino aprender a convivir con ella. Una vez más, la resignación aparece como una forma de sabiduría y no como un gesto de tristeza. Después la canción cambia de interlocutor. "Serás como ellos" deja de describir a los elefantes para hablarle directamente al oyente. La invitación es clara: caminar sin apuro, no dejarse engañar por "los cuentos más extraños" y comprender que el tiempo tiene otro ritmo. El paso pesado del elefante es también un paso firme. Hay otro detalle interesante: la trompa. Es mano, nariz, olfato y herramienta al mismo tiempo. Puede parecer extraña, incluso desproporcionada, pero justamente allí reside su singularidad. No necesita una explicación racional: es aquello que hace del elefante un ser único y le permite relacionarse con el mundo. La canción concluye con una imagen poderosa: "la blanca calma". El blanco remite a la paz, a la pureza y a una serenidad que nace de aceptar el propio destino. No es la tranquilidad de quien renuncia a vivir, sino la de quien entiende que la vida también está hecha de pérdidas, silencios y despedidas. La música acompaña esa idea. Predomina un clima sereno, casi contemplativo. Sin embargo, en un momento la guitarra irrumpe con una distorsión que parece romper esa quietud. Más que un solo, suena como un diálogo entre elefantes. Es una conversación que no necesita palabras, un lenguaje propio que la música consigue expresar. Como ocurre tantas veces en Spinetta, la instrumentación no acompaña a la letra: también dice.
El elefante como símbolo
El elefante es uno de los símbolos más antiguos de la literatura y de las tradiciones religiosas. Su tamaño, su longevidad y la memoria que se le atribuye lo convirtieron en un emblema de sabiduría, paciencia y fortaleza. En el hinduismo, Ganesha representa la inteligencia, la escritura y la capacidad de superar los obstáculos. En el budismo, el elefante blanco anuncia el nacimiento de Buda y simboliza la pureza espiritual. En la Biblia su presencia es menor y suele aparecer vinculada al comercio del marfil y a los reinos orientales. También la literatura lo convirtió en un personaje cargado de significado. En Las mil y una noches aparece asociado a reyes, caravanas y territorios lejanos, reforzando una imagen de grandeza y misterio. En El viaje del elefante, Saramago lo transforma en un espejo de la condición humana. Mientras los hombres discuten sobre poder, religión o prestigio, el elefante sigue caminando. No necesita demostrar nada. Su sola presencia cuestiona el ruido que producen los demás. Quizás por eso Spinetta eligió precisamente un elefante. Porque es un símbolo que atraviesa culturas y épocas, pero también porque encarna una forma de vivir. Sus elefantes enseñan que la verdadera grandeza no consiste en imponerse sobre otros, sino en aprender a caminar con paciencia, aceptar el misterio de la existencia y llegar, algún día, a esa "blanca calma" de la que habla la canción.
Fuentes:
Diez, J. C. (2006). Martropía: conversaciones con Spinetta. Aguilar.
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Matías Rótulo.