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Formaditos, por altura y sin el dedito en la nariz


Es la semana del estudiante. Sentadito atrás del todo en la clase tirándole papelitos a la profe. Pasando cartitas a los compañeros. Llorando porque mamá nos dejó en el jardín de infantes. Perdiendo un examen, o salvándolo.

Por Matías Rótulo

Publicado el 18 de setiembre de 2008 en Voces

Del primer beso escondido atrás del piano ni hablamos. Llegando a la Facultad sin saber dónde está uno parado. Saliendo por la avenida a pedir por boletos gratis. Comiendo la merienda en el recreo hasta enchastrarnos la túnica o haciéndonos la rata entre materia y materia. Aprendiendo. Simplemente, aprendiendo. Pero los estudiantes son siempre los malos. No solo para la televisión, sino también para la mayoría de los medios, que se acuerdan de ellos cuando se agarran a las piñas en un liceo o cuando hay que venderles un producto de moda. Es por eso que después no es de extrañar escuchar a alguna vieja cuyo nieto sea tal vez un estudiante decir que son todos unos guachos de mierda, pues la tele los muestra así. Diez mil estudiantes marchan por 18 de Julio y a tres maricones de cara tapada se les ocurre tirarle piedras a un McDonald's, y la televisión ni se acuerda del porqué de la marcha, ya que «hubo disturbios entre los estudiantes». Esos «disturbios» se deben a que aquellos que organizan la marcha se oponen a que otros la echen a perder. Hay una muestra educativa en el LATU (Expo Educa), y la televisión no muestra una sola toma de dicho evento, que, así como quien no quiere la cosa, tal vez sirva para ayudar a que un niño o joven de este país descubra su vocación, a que encuentre lo que le gustaría estudiar en el futuro; en definitiva, lo que será de su vida en un mundo cada vez más competitivo. Pero tres nabos se pelean en la puerta y lastiman a una docente, y allí van todos los Nano, Jean Georges y Nasarios, o sus aprendices, a decir con énfasis «¡Y era una muestra educativa!», poniendo cara de vivos. 

La misma cara que ponen cuando hay un triple asesinato. ¿Y cuándo se acuerdan los informativos de la educación? ¿Cuándo se acuerdan de la educación los medios televisivos? A la vista está que, cuanto más temprano y de madrugada den «TV Educativa», mejor. ¿Y los programas dirigidos a un público en plena edad escolar o liceal? Salvo «Loco de Vos», que promueve educar desde mensajes claros y concretos y da hasta clases de inglés en el programa, el resto es una constante guerra de los sexos o de las clases sociales, pero no la de Marx ni la de Gramsci, sino la de los ricos contra los pobres y los lindos contra los feos, y viceversa, sin ningún otro objetivo que el de vender álbumes de figuritas. Basta ver «Patito Feo» o «Casi Ángeles». En la primera hay una guerra de clases sociales y una idea absurda de la belleza; en la segunda, la gran farsa de un mundo perfecto donde el que más sufre más feliz es, siempre —en ambas—, con el sexo a flor de piel, aunque el público va desde los ocho años en adelante.

El Paseo Amarillo

La semana del estudiante, esta que transcurre tan cerca del Día del Maestro, a punto de brotar la primavera, no tiene a los estudiantes en la televisión en toda su magnitud. Sí los tiene en un programa de preguntas y respuestas organizado por Antel en Televisión Nacional. Una idea copiada de algún lado, donde se demuestra que hay pocas ideas para hacer televisión con jóvenes. «Código Saber» promueve la creatividad, la sana competencia y el relacionamiento entre estudiantes, con una clara buena intención, pero no deja de parecer una propuesta salida de algún festival de escuela. Sigo insistiendo en que los estudiantes están para mucho más que para responder preguntas y representar algo frente a una cámara. Pero —y volviendo al lío del LATU— nadie les pregunta qué es lo que sienten o quieren como para agarrarse a palos. Quiero destacar otro programa de estudiantes que se emite por el mismo Canal 5. «El Paseo Amarillo» es una brillante idea —a mi parecer— que promueve un paseo escolar, educativo por sí mismo, y que luego se convierte en un programa televisivo que permite conjugar eso que tanto pedimos desde aquí, una televisión entretenida y educativa a la vez. Los protagonistas son ni más ni menos que los estudiantes, alumnos de la escuela pública que recorren distintos puntos con una propuesta temática y por demás interesante. 

Tanto «Código Saber» como «El Paseo Amarillo», y en su momento «Código Saber» (10), así como otros tantos proyectos de la televisión uruguaya, han demostrado —aunque no tendría que hacer falta demostrarlo— que los estudiantes no son un grupo de vagos que rompen todo en un liceo. Bastaría con ver la historia de Uruguay para darse cuenta de que los estudiantes, en el último siglo, tuvieron mucho que ver con la defensa de la democracia. Tampoco debemos olvidarnos de los estudiantes adultos, aquellos que siguen con esa consigna de la Unesco que dice que la educación debe ser para todos y para toda la vida. Los miles que se alfabetizan, los que participan en partidos políticos, los que entran a una clase, los que leen un libro o miran la televisión. Todos somos, en definitiva, estudiantes que, desde la experiencia o gracias a un libro, en propuestas formales, no formales o informales, aprendemos a ser más democráticos y a vivir en sociedad. Ojalá que la televisión y, en general, los medios de comunicación —inclusive este— también aprendan a serlo y nos den a los estudiantes otro lugar.