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La Secundaria de los posgrados invisibles


Mientras se pretende acreditar a docentes que no completan su formación, a aquellos docentes titulados con posgrado casi no se los considera a la hora de ascender de grado.

Por Matías Rótulo

Publicado en Voces 20 de agosto de 2026

En momentos en que se pretende utilizar la experiencia como uno de los caminos para titular a quienes no terminaron su formación docente, quizás deberíamos discutir primero qué valor le estamos dando a la formación de quienes sí la terminaron y continuaron estudiando. ¿Qué pasa cuando un docente de Secundaria completa un posgrado relacionado con su profesión docente, se lo paga de su bolsillo y luego pretende que se lo reconozcan para, por ejemplo, ascender de grado? En Secundaria existen docentes interinos y efectivos. El interino trabaja en el sistema y elige horas, pero no tiene esas horas presupuestadas. El efectivo, en cambio, accedió a la efectividad mediante un concurso y pasa a integrar el cuerpo de docentes presupuestados del Estado. Esa condición le otorga estabilidad y el sistema debe garantizar una determinada carga horaria. Cuando un docente egresa del Instituto de Profesores Artigas (IPA), de un Centro Regional de Profesores (CERP) o de un Instituto de Formación Docente (IFD), su título modifica su lugar en las listas de elección de horas en Secundaria. Como egresado, puede ingresar a la lista 2B, correspondiente a docentes titulados interinos. Antes pudo haber trabajado en otras listas, de acuerdo con su nivel de formación y los méritos presentados. En este momento, los méritos importan, se actualizan y los docentes son ubicados de acuerdo con estos méritos, más su actividad en el año lectivo. Un profesional que, además de su título de profesor, tenga otro profesorado, el título de maestro, una licenciatura, una maestría o un doctorado puede estar mejor ubicado que otro que solamente presenta su título docente en la lista de interinos 2B. Es lógico. El sistema reconoce que uno de ellos acumuló una formación mayor. El siguiente paso es la efectivización. Secundaria abre concursos que permiten a esos docentes acceder a cargos presupuestados. En el concurso de 2014, por ejemplo, además de presentar nuestros méritos, quienes participamos debíamos tomar ocho horas y mantenerlas durante todo el año para alcanzar luego la efectividad. En mi caso, tuve que elegir horas en los liceos 47 y 62 para completar ese requisito. 

Cuestiones estatutarias

El Estatuto del Funcionario Docente establece siete grados y, para pasar de uno al siguiente, se requiere una actividad mínima de cuatro años. Entonces, el elemento determinante para avanzar en el escalafón es la antigüedad. Pensemos en dos docentes. Uno egresó en 1999, se efectivizó al poco tiempo y siguió dando clases. No hizo después ninguna especialización, otra carrera, maestría o doctorado. Otro egresó algunos años más tarde y decidió continuar estudiando. Hizo una maestría y luego un doctorado directamente relacionado con su asignatura. Puede ocurrir perfectamente que el primero esté varios grados por encima del segundo. ¿Es mejor docente? No lo sabemos. ¿Está más formado? En nuestro ejemplo, claramente no. Tiene algo que el otro no tiene: más años contabilizados por el sistema. Entonces, estamos confundiendo experiencia con permanencia. Permanecer veinte años dentro de un aula constituye, por supuesto, una experiencia profesional. Sería absurdo negarlo. Pero los años transcurridos no dicen por sí mismos qué hizo un profesional durante esos veinte años, cuánto estudió, cuánto se actualizó, qué investigó o qué nuevas herramientas incorporó a su trabajo. Existe, además, una paradoja bastante curiosa. El docente que decide continuar su formación puede incluso terminar perjudicado. Hacer una maestría o un doctorado implica tiempo, dinero y esfuerzo. Casi todas las veces, los docentes financiamos nuestra formación de nuestro propio bolsillo. Y cuando esa formación exige viajar al exterior pueden aparecer, además, dificultades con las inasistencias. Podemos llegar al disparate de que un docente falte porque está realizando una actividad académica vinculada directamente con su profesión y esas faltas terminen jugando en su contra. Después aparecen otros mecanismos de evaluación. Está el informe de Dirección. Está el informe de Inspección. Está la asiduidad. Todos generan puntajes. Pero ninguno modifica el problema central. Una Dirección puede evaluar muy bien a un docente que tiene una maestría o un doctorado. Una Inspección puede reconocer su formación. También sabemos, quienes trabajamos en Secundaria, que los puntajes máximos muchas veces se han convertido en algo habitual. Poner cien no necesariamente significa que estemos ante un docente excepcional. Pero llega el momento de pasar de grado y el doctorado desaparece. No planteo que la antigüedad no deba ser reconocida. Claro que debe serlo. El problema aparece cuando prácticamente se transforma en la medida de la carrera profesional, porque entonces mandamos un mensaje bastante extraño: capacitarse está muy bien, estudiar está muy bien, hacer una maestría está muy bien, investigar está muy bien, realizar un doctorado está fantástico. Pero para avanzar en el escalafón hay algo mucho más importante: esperar.


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