Esta es la historia de Rodrigo Arim y su relación —actualmente rota— con la Universidad de la República (Udelar). El economista fue el decano y rector que otrora reclamó por presupuesto, pero actualmente es uno de los actores políticos que debe sostener el gasto público, quizás incluso en contradicción consigo mismo y los valores que antes sostuvo.
Por Matías Rótulo
Publicado el 1 de octubre de 2026 en Voces
Suena Barry White en el viejo Intrusos de Jorge Rial, que entra al estudio y muestra un VHS. “Acá tengo las pruebas de un amor roto y el archivo de lo que le dijo el novio que abandonó a la novia” y “cómo antes decía una cosa y ahora le dice otra”. “¿Usted resiste un archivo?”, le pregunta Marcelo Polino a Rodrigo Arim en el estudio de Intrusos. Hoy es director de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto (OPP) y, desde ese lugar, participa en la elaboración y defensa del presupuesto que también alcanza a aquella institución que alguna vez gobernó y defendió.
¿Qué nos sucede?
Rial pide música y, para contar la historia, suenan los versos melancólicos de “¿Qué nos sucede, vida, qué?”, con la voz de Palito Ortega. Fueron varios años juntos: se eligieron, él quiso ser rector y la institución cogobernada lo eligió y abrazó, no una sino dos veces. “¡Qué tapa aquella la de Paparazzi! ¡Juntos en el Paraninfo!”. Antes, en un largo noviazgo, estudió allí, egresó, fue docente y decano de la Facultad que lo formó, como un economista que reclamó más presupuesto, pero también como un economista que propone no dar más presupuesto. “¡Qué contradictorio!”, dice Rial, molesto. Pero él, después, la dejó a la novia en el altar —cuenta Viviana Canosa, con su pelo colorado y enojada—. Fue a mitad del segundo compromiso cuando Arim se fue, a los seis años, después de un período completo y algo más de la mitad del segundo. Cambió a la Udelar, un ente glorioso, por apenas una oficina que, además, es la que ahora debe darle el sustento. “¡Buscate una mejor, querido!” grita Luis Ventura. “Tampoco vamos a pedirle que favorezca a su viejo amor con más dinero —dice Canosa—, si no sería patológico”. Si Arim le diera a la Udelar todo lo que reclama mientras les dice a ANEP, UTEC y al resto que esperen sentados, alguien podría pensar que todavía quedan asuntos pendientes, “porque donde hubo fuego cenizas quedan”, apunta Rial entre risas e insinuando algo picante.
Amor, ¿qué nos pasó?
Cuando Rodrigo Arim reclamaba recursos para la Udelar, siendo rector, le explicaba al Poder Ejecutivo y al Parlamento qué ocurría cuando los recursos no acompañaban el crecimiento de la matrícula y cuáles podrían ser las consecuencias de seguir por ese camino. En julio de 2023, mientras exponía ante la Asamblea General del Claustro (AGC) la situación presupuestal de la Udelar, dijo: “los presupuestos son grandes con respecto a algo”. La matrícula de la Udelar había aumentado casi 42% desde 2014, mientras la cantidad de puestos docentes se había estancado. Ya como director de la OPP, mientras integraba el equipo encargado de elaborar y defender el Presupuesto, le preguntaron por aquel reclamo educativo que había acompañado durante años. “Son momentos distintos, no estoy cumpliendo el mismo rol en el mismo momento histórico”. “Esto es lógico”, dijo Tauro, defendiendo un poco a Arim. Siendo decano de Ciencias Económicas, declaró en 2013 a El Observador que Uruguay necesitaba veinte años de presupuesto educativo creciente y que el deterioro del sistema no podía revertirse sin un aumento constante de los recursos. Hablaba un experto en la materia. El mismo experto en la materia dijo en El Explorador (2025) que, si bien hay que “mirar el conjunto de necesidades que se requieren de las políticas públicas de Uruguay”, el Presupuesto quinquenal es “austero” y “no permite el desarrollo de todos los objetivos de política e instrumentos que requerían los centros autónomos de la enseñanza”. Palabra de experto. Él mismo, en diciembre de 2022, cuando presentó la Memoria de su Rectorado, repasó la propuesta presupuestal de la Udelar en todos esos años y recordó “su defensa en cada rendición de cuentas”, en un contexto de restricción presupuestal. También en 2013, el por entonces decano afirmaba: “no creo en los discursos que piden solo recursos, pero tampoco en los discursos que dicen que se pueden lograr cosas sin aumentar los recursos”. Además: “no vamos a lograr una mejora sin un aumento sistemático de los recursos para la educación”. Arim reconocía que no creía en cifras mágicas, pero advertía que Uruguay debía preguntarse cuánto invertía en educación “en términos relativos al mundo” y ponía como ejemplo a países como Finlandia, sosteniendo que no era posible mejorar el sistema sin un aumento sostenido de los recursos. “Ahí lo tienen, estaba con una y pensaba en otra, pero cuando quedó soltero, en vez de acercarse a esa tal Finlandia, ni una carta le mandó”, dijo bromeando Rial, en referencia a lo lejos que estamos de la potencia en educación.
Sin reconciliación
En 2022, Arim advertía que la Udelar debía atender a unos 5.000 estudiantes más por año con la misma cantidad de docentes. Por ende, “no hay vida universitaria sólida y fecunda que pueda implementarse con presupuestos trabajosamente construidos en bases anuales (...) necesitamos recursos que no son postergables”. Según los cálculos de la propia Udelar a partir del proyecto del Poder Ejecutivo de 2025, impulsado por su exrector Arim junto al equipo económico, la inversión pública en educación pasó del entorno del 4,4% del PIB en 2026 al 4,2% en 2029. Puede haber más pesos y aun un incremento real, pero el esfuerzo relativo que el economista Arim proponía mirar en 2013 se achica en 2026. Cuando le recordaron a Arim, desde su nuevo cargo, aquel histórico reclamo del 6% del PIB para educación más 1% para investigación, respondió que ahora debía mirar el conjunto de las políticas públicas y mantener “ecuanimidad”. Entonces Rial se enojó ante las contradicciones de Arim y anunció: “Vamos a mostrar ahora cómo Arim intentó llevarle, arrepentido, flores y chocolates a la Udelar, pero cuando entró al Paraninfo lo recibió ¿saben quién? el rector Héctor Cancela, vestido de traje, pronto para casarse con su ex, siendo rector. Entonces, Arim despertó de un sueño profundo, preocupado, confundido.