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Los mil rostros de Carballo

ESA CAJA BOBA QUE NOS TRATA COMO IDIOTAS



Por Matías Rótulo

Publicado en Semanario Voces el 21 de febrero de 2008

Todos sabíamos que existía pero nunca lo habíamos visto. No es exactamente “Cacho Bochinche”, que solo puede estar en dos lugares: “La Tele”, o visitando la casa central de “Vía Confort” un sábado de tarde. Nuestro personaje oculto es “Charoná”: un indio simpático impulsor del estribillo más célebre de la historia, además de aquel que dice “En Montecarlo le decimos qué hora es”, antes que el locutor de “la 20” entre para informarnos que son las 11:20.

El estribillo al que hacíamos referencia es “papá, mamá, comprame Charoná”, por el cual nuestra niñez cambió para siempre. Pero un buen día toda esa magia se convirtió en realidad y Charoná cobró vida. Esto sucedió mucho antes que fuera un muñeco grandote que arengaba a los otros once muñecos que jugaban con la camiseta celeste en las eliminatorias. Un día Canal 5 —aquel viejo opaco canal de televisión— vio el brillo de la luz, y la fantasía se hizo realidad. Charoná estaba por fin con vida. Luis Alberto Carballo dejaba de ser solamente un parodista.

Claro que con Charoná estaba “Fefo”, un grandote que hablaba como estúpido, y que por años fue un “segundón” hasta que Charoná, misteriosamente, fue desplazado de su puesto, quedando al frente aquel siniestro personaje.

Dicen que Charoná recurrió a un hechicero indígena para conocer cuál sería su próximo paso. Así vio un futuro nefasto que lo llevaría por dos caminos: o ser consejero de Fernández Huidobro, acuerdo que no fue cerrado jamás porque el “Ñato” —confeso lector de esta columna— prefirió la política, y el otro camino fue el que llevó a Charoná a ser quien es hoy.

Del entretenimiento infantil e inocente pasó a hablar constantemente de sexo en la tele, a hacer únicamente chistes de sexo, a tener una sexóloga como panelista, a mostrar mujeres con “humor” y “sátira” para lograr que los hombres luego de ver su programa tengan ganas de tener sexo. También logró que alguien escribiera esta columna mencionando en una misma oración diez veces la palabra “sexo”.

Hechizos

Basta de pavadas. Todo lo anterior es falso, salvo lo de Cacho en Vía Confort. Charoná desapareció pero quedó su mentor: el parodista Luis Alberto Carballo, quien tal vez asumió mil personalidades a causa de un hechizo maligno indígena.

“Carballo’s Inn” es su última gran creación: un programa de humor dinámico, fresco, con premios, con una sexóloga, humor similar al que se ve en carnaval, pero que solo funciona en carnaval... En definitiva, es un poco más de lo mismo.

Carballo antes se había consagrado como el conductor de “Dale con todo” (10), y ya se perfilaba como un presentador de pujante humor. Humor que compartía solo con sus técnicos, y especialmente con el director de cámara, el famoso “Popi”, nombrado por Carballo en un promedio de 300 veces por programa.

Luego el carnavalero otrora conductor de televisión llegó a Canal 4 con una propuesta sabatina nocturna llamada “Pizza Carballo”. Fue allí donde se comenzó a sospechar lo multifacético de su personalidad, o la presencia espiritual en su ser.

Cuando debía presentar los juegos telefónicos y hablaba con la gente, a Carballo le salía el alma de Nicolás Repetto cuando este conducía “Nico” (4). Si tenía que hacer la presentación del programa le salía el alma de “Tinelli”, pero lo más extraño de todo esto es que, al desarrollar sus episodios de humor, su cuerpo se transformaba y cambiaba radicalmente, lo que se volvió en una de las grandes incógnitas de la metafísica, ya que en el cuerpo de Carballo arremetía el alma del fallecido humorista Alberto Olmedo. Sus gestos, su forma de hablar, su mirada, hasta las humoradas que hacía el rosarino, eran reproducidos casi iguales.

¡Increíble!

Mística

El pasado lunes Carballo también interpretó a un niño, hablando como tal y sombrero para el costado; podría jurar que en su alma se había metido el espíritu de Luis Orpi.

Esto fue en “Carballo’s Inn”, un hotel con mil y una situaciones. En él convive el espíritu de Dios Momo ya que parece la actuación de “Momosapiens”. ¿Será porque el libretista de ambos es Horacio Rubino? Además del espíritu de humor machista que tanto el uruguayo critica —aunque mira— de la televisión porteña.

Graciela Rodríguez hace siempre de adolescente, papel que más de una vez la ha consagrado aunque uno se da cuenta que su espíritu y cualidades sobre el escenario están para mucho más.

Y la sexóloga —fetiche de Carballo— tomó el espíritu de María Inés Obaldía cuando esta entrevistaba nenes en “Caleidoscopio”, lo único que la sexóloga le habla de sexo a los entrevistados adultos y, para completar el plato, les dice: “si querés después te firmo mi libro que escribí con tanto amor”.

Así, un buen día Luis Alberto Carballo se olvidó de Popi, de Fefo, y hasta de Charoná, y es un hombre que hoy parece estar envuelto de un misterioso enigma. Aunque debemos decir que todo lo que toca es éxito seguro, o fíjese que fue a parar a CX 20 conduciendo el “Tren de la Noche”, y ahora sí decimos con total seguridad que ese canto precioso que reza “en Montecarlo le decimos qué hora es” no fue pensado por nadie, fue una inspiración divina.