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Chateando con el Diablo


Luego de leer a Daniel Figares en su libro En Sangre Propia (1994), donde narra un triple asesinato en un apartamento de la calle Petrarca y La Cumparsita, mi vida cambió para siempre. Cada vez que paso por ese edificio esquinado con la parte trasera del Cementerio Central, no puedo evitar mirar al segundo piso...

Por Matías Rótulo

Publicado en Semanario Voces, edición 157, 13 de marzo de 2008.

Lo mismo me sucede cada vez que prendo la televisión y pongo canal 12. Me parece ver la cara de cordero degollado que pone el conductor de Voces Anónimas 2 (Guillermo Lockhart). Es una cara de cordero degollado, pero no como la que vio Rafael Michelini en la cara de Pedro Bordaberry que además dijo que era “desgollado”. Es un cordero degollado con cara de pibe lindo, rubiecito, similar a un cantante de cumbia y que mueve la colita en lo de Omar Gutiérrez, que cuenta historias de terror, misterio, y muerte. Es que el martes 4 de marzo llegué tarde a casa en la noche, llovía, por mi ventana entraba la luz de los relámpagos, el silencio me invadía, el miedo se apoderaba de mí, no había luz... Solo la televisión funcionaba, y únicamente Canal 12. Ahí me sentí tranquilo ya que nada malo me podía pasar porque estaba en el aire “Voces Anónimas 2”. Malo hubiera sido que fuera “Código País”, me hubiera quedado estático, paralizado, como congelado por el aburrimiento.

Desde el más allá

Dicen que el atraso de Voces Anónimas 2 anunciadas desde el más allá, es decir desde el más allá de mediados de 2007 ya que nunca comenzaba, se debió a los malos espíritus que rodean la oficina del programador de Canal 12. Si bien pudo superar el retraso (comenzó el martes 4), aún no pudo desligarse de esa sensación que le da a uno al mirarlo cuando dice: “flaco no te creo nada”.

Debemos reconocer que hay un muy buen trabajo de producción y edición para hacer de este programa un interesante producto televisivo, y original a la vez. Claro que Voces Anónimas 2 (al igual que el primero) cuenta con varias fallas por lo cual trataremos de aportar nuestra gotita de sangre para que mejoren. Por ejemplo: cuando hacen una “dramatización” deberían cuidar la participación de las personas que dan sus testimonios ya que no son muy creíbles en sus relatos. Pueden utilizar los viejos videos de Laura Martínez para imitar sus actuaciones en las “Telecachadas” que eran de terror.

Si desean transmitir un verdadero misterio con gustito a miedo, pídanle una mano a los uruguayos con acento portugués del “encosto”, que ocupan las madrugadas de algunos canales abiertos llevando la palabra del Dios de las cuentas bancarias, y que ofrecen el manto de la descarga, el café de la alegría, y el portarretrato con la foto de la prima Juana para la riqueza. Ellos hacen verdaderas dramatizaciones “de terror”, con personas que se retuercen cual babosa con sal, mientras dicen tener al Diablo en su alma, al punto que les sale una voz similar a la de Gonzalo González, aquel ex ministro de ganadería del gobierno de Jorge Batlle que parecía el hermano de la “Mole”.

El Diablo por chat

Si Horacio Quiroga viviera, y si hubiera visto el primer programa de Voces Anónimas 2, se preguntaría ¿Y yo escribí “La Gallina Degollada” y me hago el tenebroso? Aclaremos que una gallina degollada no tiene la misma cara que un cordero degollado, por lo que no quiera comparar la cara de la primera con la de Bordaberry ni con la del muchachito de Voces Anónimas.

Resulta que en el ya mencionado programa, se presentó una historia sobre el Diablo que chatea por Internet. Tal vez tiene conexión libre de ADSL de “Antel”, o contrató el “Dedicado Gigante”. Supuestamente el propio Lucifer chateaba con un pibe de Punta Carretas ¡Claro, resulta que ahora todo nos pasa a nosotros! El Diablo se mete adentro de la gente que va a iglesia en el ex “Cine Trocadero”, al Diablo se le ocurre entrar a un chat donde justo hay un uruguayo ¿Y qué más? Lo único que falta es que digan que se metió en la grabación de algunos de los discos de Natalia Oreiro, que ya tiene ese pesar de cantar bastante mal, para que todavía si uno escucha al revés “Tuve tu Veneno” se le aparezca un mensaje del más allá.

Volviendo al chat con el Diablo, parece que el muchachito comenzó a percibir la presencia de alguien en su casa mientras estaba solo frente a la computadora. Una de las amigas del chico, llamada Cecilia Parada, quien estaba toda vestida de negro y con un collar que tenía un triple 6, contaba la historia con total certeza y le agregaba un toque personal: los pelos de su brazo. Si el Diablo no quiere cosas chanchas que le diga a la muchacha que se depile un poco.

Luego había un tipo con acento latino que contaba la historia del pibe que era medio amante de lo satánico, como yo lo soy de las columnas del “Bimbo” de Pauli los viernes en “El Observador”. El latino también ponía cara pero de “tipo con acento latino al cual no le creo una zeta”. Y otro, un escritor de historias místicas que dijo que si 666 personas chateaban con el Diablo se venía el Apocalipsis. Parece que la Biblia tiene un capítulo dedicado a las nuevas tecnologías, acceso a Internet, y manejo de Excel. Igual, como dice mi madre hay que creer o reventar. Yo nunca pude chatear con el Diablo, y tal vez no me anime jamás. Agradezca Figares que sí tuve el coraje de leer un libro suyo.