Reciente
Una vieja militante política discute frente al televisor con ese señor que piensa diferente a ella y que con su elegante corbata, de vez en cuando la mira como convencido de lo que dice. Ya no va más al comité de base, o al club político, ya no cree en nada, pero protesta las ideas que escucha decir a ese hombre con el cual nunca la mesa compartirá, y desde el sillón, con el control en la mano, tiene la potestad de eliminar su discurso, y de cambiar la conversación.
Por Matías Rótulo
Publicado el 17 de abril de 2008 en Voces del Frente, Nº 161.
Luego, otro señor, el que cada día trae a la pantalla de la anterior señora las noticias más frescas del día, no pestañea al contarle las demás “verdades”.
Un pibe para la pelota de pecho en el living de su casa, se eleva y cuando baja la patea hasta el arco que ve en la ventana. Se siente Forlán unos segundos, y luego vuelve a la silla. Una jovencita de quince años se mira en el espejo con botones. Allí se ve parada desfilando con sutil gracia, y piensa que puede llegar a ser así algún día, hermosa, delicada y –porque no–, deseada. Hay un muerto en un bulevar, una señora que se queja de los nuevos aforos por la contribución, un tipo que hace chistes ya no hace reír a nadie, y una rubia colombiana se besa con un muñequito de torta inventado por libreto.
Los años pasan junto a un pibe que ya no tiene nada que hacer en un salón de clases. Pero empieza Show Match, cambian tal y cual programa de horario, ofrecemos celulares cada vez más baratos con cámara de fotos y filmadora, acceso a Internet, pero alguien critica desde la tele al Plan Ceibal. La dinastía de la televisión se remonta a la mitad del siglo XX, cuando le hacían ver a una humanidad crédula, que la guerra ya había pasado, que los malos eran otros, y que ese aparatito en blanco y negro podría cambiar nuestras vidas de una forma asombrosa, ya que nos mostraba ese otro mundo, el del confort, el de las aspiradoras que sustituyeron a la escoba, el de los microondas que calentaban las cosas más rápido que el propio fuego.
Abusos de poder
Hoy la televisión está cargada de constantes abusos de poder. No desde un punto de vista del poder político, sino a cuestas del pensamiento, tal vez el mayor poder de los seres humanos. Decir algo en la televisión representa contar la verdad. Cada vez más cuestionamos la televisión, pero cada vez más nos importa menos cuestionarla. Nos encanta conocer la vida privada de los “macacos” que bailan, patinan, lloran, engañan y lastiman a otros, solo bajo el alto precio de mostrarse a una cámara.
Algunos se piensan que cuestionar a la televisión desde los gracioso o poco serio, mal actor o actriz, edición, iluminación, o sonido de un programa, es lo único que vale para sentirse crítico, y para lavar las culpas que tenemos los que la miramos, o los que la hacen. Antes que nada debería cuestionarse a la televisión según el papel que ésta juega en la sociedad.
Si canal 5 es informativo, es entonces espantoso porque es aburrido, pero si Canal 12 apuesta al entretenimiento hueco también es terrible, según algunos intelectuales de la palabra. ¿Qué papel juega nuestra televisión en la sociedad? ¿Es un mero entretenimiento? Tal vez sea un nexo efectivo para la transmisión de la cultura, o fomento de una educación, de forma reflexiva y consciente.
Pero tiene que haber un equilibrio entre educación y entretenimiento porque la persona que llega a las nueve de la noche no quiere ponerse a analizar la educación de sus hijos, se quiere divertir. Tampoco quiere informarse sobre los hechos políticos que son exclusivos para los políticos que hablan en difícil. Entonces también aceptamos esta postura impuesta por los programadores de los canales que se olvidan del poder que tienen frente a sus computadoras, mientras arman las grillas de la programación, un poder que no es tan fuerte como el control remoto, pero ¡Qué fuerte se hace cuando uno está sentado frente a su sillón, cansado de trabajar un largo día!
Bienvenidos al año 2008, ya que para la televisión no empieza ni el 1° de enero, y mucho menos cuando llega el último ciclista de la Vuelta. Ahora empezó un nuevo ciclo del programa de Tinelli, y ahora sí dependemos únicamente de él. Habrá que buscar en algún lugar a los programas que ocupaban de lunes a viernes el espacio de Canal 12, y tendremos que hacer una colecta para comprarle café al pobre de Valentín Rodríguez, que tendrá que mantenerse despierto hasta altas horas de la madrugada para conducir Telemundo Tercera Edición.
Hasta Canal 12 lanzó su programación y un nuevo corte institucional, parecido en el formato a la canción de Danilo Astori para las elecciones pasadas, donde el ahora ministro cantaba delante de una multitud bailando como mi tía Yeya cuando va a los bailes de Cardona. Canal 12, eligió a Ruben Rada y su hija cantando la nueva melodía ¿Vio que idiotas que somos también nosotros? ¿Qué nos importa la canción de Canal 12, cuando ésta columna comenzó siendo una seria crítica a la televisión? Mejor cierre este semanario, no debata más con quienes escribimos aquí, prenda la televisión, y siéntase por dos horas, usted también jurado, cuestione los fallos de los demás, y diviértase, la televisión es gratis.