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“La censura nunca. Yo me considero un liberal o un anarquista” dijo el director de cultura del Ministerio de Educación y Cultura (MEC) Luis Mardones, el lunes 7 de julio en el programa “Puglia y Cía” (10). Allí Mardones era consultado sobre su propuesta de aplicar impuestos diferenciales a la “televisión chatarra”. Una visión capitalista-recaudadora, injusta y que demuestra la poca imaginación por parte de las autoridades de dicha dirección ministerial.
Por Matías Rótulo
Publicado el 10 de julio de 2008 en Voces
Lo de los impuestos a la televisión
chatarra no es algo nuevo. Ya se
había planteado alguna que otra
vez pero el debate se había dormido en la idea. Sin embargo, hace un
par de semanas el director de cultura
del MEC Luis Mardones dijo al diario
Ultimas Noticias que esto podría ser
una solución y provocó dos cosas: Que
Mardones saliera del anonimato y nos
hiciera acordar que hay una dirección
de cultura en el MEC, y la segunda que
se abriera un debate nacional sobre la
televisión chatarra con el consecuente
miedo del 90 % de los programas nacionales a ser. Es decir, que si yo “Estado”
considero que algo es “chatarra”, eso
“chatarra” debe pagar más que un programa que no es “chatarra”. Claro está
que primero se debería definir lo que
es y no chatarra. ¿Vamos a hacer una
encuesta nacional? ¿Se va a juntar una
decena de notables para definirlo? ¿Con
qué unidad de medida vamos a medir
lo que es y no es chatarra? Es por eso
que Mardones indicaba que no estaba
de acuerdo con la censura. De cobrarse
un impuesto no se estaría censurando
pero deberíamos tener en cuenta que
no es una medida muy democrática que
digamos.
Hipotéticamente hablando, si
Canal 10 tiene un programa chatarra y
no puede pagar el impuesto, pero Canal
12 que también tiene un programa chatarra pero sí puede pagarlo, vamos a
tener por un lado el programa chatarra
del 12 al aire pero no el del 10. Vamos a
descartar la hipótesis de que los canales de aire montevideano (inclusive la
Televisión Nacional) no pueden pagar
los impuestos. Todos bien sabemos que
hay empresas televisivas que no están
en Montevideo, y que –en muchos casos-, son canales privados con bajo presupuesto y que funcionan en el interior
del país. Aquí entonces se comenzaría
beneficiando al más fuerte, es decir a los
canales de Montevideo que no dudo,
están en condiciones de pagar cualquier impuesto y no creo que este sea
desmedido sino estaríamos entrando
a la “usura”. Además, de aplicarse el impuesto sólo en Montevideo estaríamos
permitiendo la televisión basura en el
interior y por demás sería injusto para
los canales capitalinos. Lo mismo en todos los casos para los canales nacionales de televisión por cable, y porque no
para los internacionales también.
Cobrar o no cobrar
En cuanto al cobro de los impuestos, si todos los canales lo pagan se abrirá la posibilidad que sigamos teniendo estos productos al aire. ¿Entonces que prima a la hora de impartir una norma como esta? ¿El criterio educativocultural, o el criterio económico? Yo Estado impongo cobro un impuesto extra a la televisión chatarra, el Canal o productora lo paga, y el Estado se beneficia. Este beneficio va para las arcas del país, y a la larga me van a arreglar carreteras, etc. ¿Pero que pasa con el contenido? ¿Que pasa con la cultura? Las arcas estatales contentas, pero ¿Qué pasa con la televisión chatarra? Los programas basura seguirán estando allí y nos preguntaremos ¿Qué beneficio tuvimos los televidentes? Me voy a trasladar a otra dirección del MEC, a la de Educación, y voy a citar a la consejera de la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP) profesora Lilián D´Elía que en un debate dijo: “Estoy en desacuerdo que la Ley de Educación comience con una visión economisista de la educación”. D´Elía se refería a que el articulado elaborado por la el MEC y la Dirección de Educación, proponiendo una nueva Ley General de Enseñanza que comienza diciendo en su exposición de motivos que la educación “es la mayor inversión...”
¿Podríamos parafrasear a D´Elía y decir que la televisión, como mecanismo efectivo para la transmisión de valores culturales y educativos no debe verse como “la mejor inversión” en materia cultural, ya que el precio de los productos culturales que consumiremos se medirá por el costo de un recibo de impuestos que los canales deberán pagar. Mardones, tal vez aclarando un poco la situación y demostrando que no es tan anarquista dijo el lunes 7 en El Observador, que primero habría que definir lo que es “televisión chatarra”. Todos vimos las declaraciones de varias figuras de la televisión reclamando un poco de equilibrio en más de un matutino. Pero claro está que el señor Mardones, como director de cultura de un Ministerio que tiene a su cargo la coordinación en materia educativa y cultural de nuestro país, no tiene mejor idea que solucionar la baja calidad de nuestra televisión poniendo un nuevo impuesto. Será que el Estado desde hace mucho tiempo no tiene la capacidad de regular los contenidos televisivos y propone desde Canal 5 un canal diferente, con contenidos educativos y culturales, ya que es el propio Estado el que tiene la incapacidad (ahora y siempre) de sentarse a hablar con los dueños de los canales privados para debatir sobre los productos que emiten. Debemos entender que los canales televisivos, así como las radios son empresas privadas, pero que ocupan un espacio que es estatal. Tal vez sería muy fácil decir ahora que las adjudicaciones fueron arregladas y todo eso, pero tampoco hacemos nada para solucionarlo. Podemos hablar de muchos impuestos, pero de calidad, cultura y educación todavía ni pensamos.