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La televisión es como la música del supermercado: esa melodía repug-nante que intenta ser suave, donde sobresale siempre algún instrumento de cuerda haciendo temas clásicos de la música mundial.
Por Matías Rótulo
Publicado en Voces el 7 de agosto de 2008
“Baba O´Riley” (The Who), “Getting Better” (Beatles), “Save Me” (Queen), “Wild Word” (Cat Stevens), hicieron historia en la música, y ahora también la hacen mientras uno revisa el precio de los lentejones o del azúcar. Los canales son como grandes supermercados que en su horario central ofrecen una gran variedad de productos en las tandas comerciales que son cada vez más extensas. Estas rodean un producto (el programa), que podría ser algo así como la música del supermercado. Resulta que hay una especie de molde para cada ocasión. Hay programas de archivos, concursos de talentos con jurados, repasos de medios, que se suman a los informativos que repiten lo que escribieron los diarios en la mañana, los periodísticos que parecen pasantías para periodistas, las telenovelas (molde primitivo de la televisión) cuya trama y tema son siempre los mismos. También están las tiras juveniles donde pueden divertirse tanto el niño como el joven y el padre de ambos, que deleita sus ojos con pibitas de polleritas cortas ponien-mdo cara de “olvidate que tengo 16 años y vení a buscarme”, mientras cantan el “Tango Llorón”.
El molde
Vamos a detenernos hoy en el molde de los programas que se dedican a poner un grupo de jurados con un cartelito con números para evaluar el talento de aquellos que buscan la fama. Luis Alberto Spinetta, músico argentino que cuenta –hasta donde yo sé- con la rever-sión de un tema suyo “Muchacha ojos de papel” para música de supermercado, comenzó en un concurso televisivo. Hoy es en uno de los más grandes músicos de Argentina, a consideración de un servidor, ya que esto es tan subjetivo como opinable.
Muchas perso-nas, por cierto talentosas, buscan una tal vez merecida carrera artística. Otras pretenden la gloria por quince minutos de fama, que en los tiempos que corren son menos de quince por la alta demanda de proyectados artistas que desean trascender. Para lograr la fama está la televisión: esa gran vidriera en donde cualquiera hace cualquier cosa y pasa a ser uno más de ese mundo tan soñado. Estamos en una época donde cualquiera llega a la televisión y basta con ver lo que ofrecen los personajes que vemos cada día en nuestra caja boba. Cientos de músicos surgen en cadenas como MTV, donde lo que importa más es la apariencia física y sonora, a la composición, conocimientos técnicos, interpretación, virtud, talento, etc. El camino de mostrarse en televisión sería el mismo camino que yo hago en el supermercado al buscar una sopa: la cantidad de sopas es tal que voy a quedarme con la más barata y no así con la más sabrosa.
Los programas de concursos de talento con jurados que saben menos que los concursantes se hicieron famosos gracias a programas como “Operación Triunfo” (4), “Casting” (12), haciendo algo por un sueño (12), y ahora también “Pizza a Carballo” (4). Estos concursos, que en un principio formaron parte de los llamados Reality Show, se escondieron bajo el disfraz de la expresión artística, para separarse de aquello a lo que se llamaba televisión real, o más bien literalmente basura. El programa ahora dominguero de Monte Carlo tiene su propio concurso de canto. Hablamos de Pizza a Carballo. ¡Qué buena parodia de Show Match! Claro que su competidor directo en horario, “El Show del Mediodía”, supo tener su concurso “Cante y Gane”, pero allí nadie se jactaba de un concurso artístico sino una especie de juego donde era el propio público el que decía si algo le gustaba o no, como en denitiva debe ser. Pizza a Carballo cuenta con concursantes cuyo único talento es imitar la forma de cantar de Luis Miguel, Shakira, Cristina Aguilera, o algún otro artista famoso de turno. Este programa se cuelga en esta aventura de pretender ser un “certamen”, palabra que es utilizada en Bailando por un Sueño para denir la diaria payasada del quilombo bailado.
Los jurados de los progra-mas de concursos (véase Show Match, el Casting de la Tele (12), y Pizza Carballo), son eruditos de quién vaya a saber qué, y en realidad parecen fracasados (salvo Valeria Lima, jurado de Pizza a Carballo que no es un fracaso pues ganó también un concurso de talentos), que se dedican (así como yo, que no se nada de televi-sión y opino de televisión), a evaluar las condiciones de los concursantes de una forma muy vaga y hasta autoritaria. Esto es como aquello de los tres millones de directores técnicos. El jurado parece un verdugo temido por los concursantes que opina y puntea, que dice y no hace. En el caso de Show Match hay un grupo de jurados que evalúan un concurso de baile, siendo que –a decir de una ami-ga que es bailarina-, bailan sin respetar los fundamentos técnicos y el carácter artístico de lo que bailan. El jurado, experto en el arte de decir estupideces por cuanta cámara se les cruce- evalúa, no el baile sino algo que no se sabe que es.
En el caso del otro programa de talentos “El Casting de la Tele” (de la productora de Tinelli) el jurado evalúa al concursante que bien puede ser un malabarista como un cantante o un pintor. Si tanto saben estos jurados de todas las artes de las cuales opinan echen a los profesores de Bellas Artes y traigan a estos expertos en todo. Parece que hoy el arte se expresa sólo frente a una cámara de televisión y en realidad, el arte pasa a ser una excusa perfecta para alejar a la gente del arte verdadero y atraerla a esa forma de arte posmoderna y lucrativa de luces de colores y vestuarios brillantes. Mientras tanto esperamos otro concurso, pero ahora en Canal 10 donde se llama a la gente a que demuestre su talento en el nuevo arte de concursar en cuanta cosa exista. Y a lo mejor me voy al supermercado, tengo ganas de escuchar a los Rolling Stones en versión de cuerdas y piano, mientras reviso la góndola de las galletitas.