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Esa caja boba que nos trata como idiotas
Ya estábamos por la cantidad de pelo acumulado arriba de los ojos de un presidente (Sanguinetti), y por la cantidad de carne en los labios de un legislador (Abdala). Que esto último suene como un halago ya que si un día me echan de este medio de prensa espero tener una oportunidad en el “Correo de los Viernes”. No me meto con los blancos para dejar abierta la puerta de “La Democracia”.
Por Matías Rótulo
Publicado en Voces el 6 de marzo de 2008
Esta columna contestataria, anarquista (sin k porque soy bien anarquista), y carnavalera, se va a meter justamente con el Carnaval, nuestra fiesta popular de cara pintada y bombitas amarillas que en cada febrero como vuelo de gaviota besa el alma del pueblo (acepto ofertas para escribir libretos de murgas).
El Carnaval se puede disfrutar de varias formas: yendo al tablado, Teatro de Verano, o contratando un servicio de cable que sale casi el 10% del sueldo de un tipo que trabaja ocho horas y que está justo en la primera franja salarial, por lo que no paga IRPF. Si usted no puede solventar una ida al tablado, cable, Teatro de Verano, o si vive en el interior del país, jódase por ser pobre (va con humor de cupletero).
Claro que perfectamente podríamos verlo —como la lógica indica— en Televisión Nacional del Uruguay, ese canal público que por momentos parece que nos va a hablar de “hello”, o “yes”, pero que después vuelve a ser bien “yorugua”, e intenta mostrarnos —como puede— lo que es nuestro Carnaval.
Sin permiso
La Televisión Nacional no pasa una sola imagen de la actuación de los conjuntos del Carnaval. En tiempos de televisación, globalización, paralización e interpelación, no tenemos el Carnaval por Televisión (también escribo versos con rima, para no cerrarme en el rubro murguero).
El canal de todos nosotros no puede emitir imágenes de una fiesta que además es organizada por una Intendencia Municipal (Montevideo). Es decir que ni siquiera los contribuyentes del departamento organizador pueden ver las imágenes por el canal al cual también contribuyen.
Excepción a la regla es si el contribuyente tiene cable y lo ve por el canal departamental (TV Ciudad), aunque para eso lo ve en vivo por VTV, pagando la misma cuota.
Por contrato, el canal estatal está impedido de emitir imágenes de la fiesta de Momo hasta después de culminado el concurso. Sin embargo, el viejo Sodre tiene su programa de Carnaval.
“Que utópico que es febrero”, dirían los Nuevos Saltimbanquis.
Fiesta Popular
Aunque parezca mentira, Canal 5 es el único que cuenta con un programa de Carnaval en la televisión abierta, aunque no puede mostrar imágenes de la actuación de los conjuntos en el concurso.
“Fiesta Popular”, conducido por Ana Laura de Brito y Fabián Cardozo, logró igual un buen programa de televisión, con información, entretenimiento, y apostando a una edición que permite a los simples mortales sin plata para contratar servicios de televisión por cable, o que viven en el interior, apreciar la fiesta veraniega.
Los canales privados, —tan cercanos y ahora amigos de Tenfield—, prefirieron no dedicarle ni un solo espacio a Momo este año. Empero en cada una de las emisiones informativas hay un espacio para la actuación de los conjuntos.
La gran pregunta es: ¿Por qué la Televisión Nacional no puede mostrar ni un segundo la actuación de los conjuntos en el Teatro de Verano, y los informativos en sus salidas al aire sí pueden emitir imágenes en vivo o grabadas de la actuación?
Irrealidad
La Televisión Nacional llega a todo el país, a los lugares más remotos de nuestro interior profundo. Tal vez a la gente del interior es a los que le suene más como una humorada —sin mucho humor— esta situación tan parecida a una parodia del libro de Adolfo Bioy Casares, La invención de Morel.
Allí, un náufrago comenzaba a ver una situación irreal en una isla desierta, por una máquina que grababa y después proyectaba con total realismo los movimientos de los que antes allí estuvieron. Entonces el personaje veía como reales las figuras reflejadas por este aparato en su tiempo y espacio.
Esto también sucede cuando uno va al Teatro de Verano y antes de comenzar a actuar un conjunto suena la típica música que representa a la empresa Tenfield. Entonces todo parece irreal, y nos hace florecer algo que ya pasó antes en el fútbol, cuando uno no podía ver las imágenes por los canales abiertos de los goles, pero ahora en el Carnaval: el más largo del mundo, el menos visto por “todos” los uruguayos también.
Esta columna debió ser publicada en el primer número de este año de “Voces del Frente”, pero se fue suspendiendo por lluvia. Si la entrega de premios del concurso oficial se realiza en Noche Buena, nos mantendremos en el récord Guinness al tener el Carnaval más largo del mundo.