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No discrimino, tengo un amigo gaucho

El canto VII del Martín Fierro cuenta una historia donde “el otro” se enfrenta a “el otro”. El primer “otro” es el gaucho, el segundo “otro” es “El negro”, y hay una tercera “otra”, la mujer de “El Negro”. Fue en un baile de campaña donde ocurrió la pelea. Por Matías Rótulo  Publicado el 26 de junio de 2012 en Voces De “decir” se trata la cosa. El gaucho fue desplazado, utilizado para las guerras (1), desplazado nuevamente (en el proceso de civilización) aunque integrado a la sociedad “culta”, canonizado, idealizado (hasta hoy). El gaucho dijo en la poesía gauchesca lo que el ciudadano culto quiso que dijera y cómo él quiso hacerlo decir (2). Lo hicieron decir. Uno de esos casos es “Martín Fierro” de José Hernández. Hernández, quien no gustaba de la música (3) realizó un poema (musicalmente perfecto) sobre un gaucho al cual le dio voz para cantar, una guitarra para acompañar, y una historia para sufrir. Darle voz a alguien, es permitirle hablar, y “permite” quien tiene poder pa...

Blues de Cris: del amor de Muchacha ojos de papel al desamor


Si "Muchacha (ojos de papel)" representa el nacimiento del amor, Blues de Cris parece ser su contracara, algo inevitable, doloroso, insoportable. En el Blues de Cris ya no hay una voz que protege ni una mujer idealizada, porque se construye un yo lírico desgastado, que habla desde el dolor y el hartazgo.

Por Matías Rótulo 

Cristina Bustamante es la musa inspiradora de Blues de Cris. De la misma manera, en Almendra, había sido quien le dio indentidad poética a Muchacha (ojos de papel). 

La canción comienza con una expresión contundente que parte de un sentimiento interior y profundo, tanto como lo puede ser desde el amor, pero ahora está planteado desde el hartazgo. "Cansado de gritar con Cris" abre la canción que arremete de golpe como si fuera más un grito de ayuda que una oda literaria. 

El cansancio ya marca el tono del texto literario en tono de blus bastante poco formal y más explosivo que lo que la propia letra representa. No se trata solamente del agotamiento físico del casancio, es un cansancio desde el sentir de una relación agotada, el cansancio es emocional. El grito es la máxima expresión de aquello que ya no puede contenerse. Ese "con Cris" también admite dos lecturas donde el grito compartido de una relación en conflicto o el grito permanente que el propio sujeto mantiene con la presencia de Cris dentro de sí mismo.

Luego aparece una de las imágenes más llamativas: 

"Mi mente está colgada como un árbol"

La comparación genera un desplazamiento del sentido habitual. En realidad, somos nosotros quienes podemos estar colgados de un árbol; el árbol no se cuelga. Spinetta altera el orden natural de la imagen. El árbol suele simbolizar crecimiento, firmeza y vida. Aquí aparece descolocado, como también lo está la mente del sujeto poético. Esa mente "colgada" deja entrever una pérdida del equilibrio, un estado de desconcierto.

La repetición de "Cansado de luchar por mí" amplía ese desgaste. Ya no solamente existe el conflicto con Cris; también existe una batalla interior. La lucha ya no es únicamente amorosa, sino personal.

En estos primeros versos comienzan a aparecer una serie de paralelismos muy claros. El cansancio se repite dos veces; el grito dialoga con la lucha; Cris se enfrenta al "mí"; la mente colgada encuentra su espejo en el destino al que el sujeto dice estar atado. Todo construye una sensación de inmovilidad. No hay salida posible.

"Atado a mi destino, al borde del camino volveré". La imagen del borde del camino no representa el recorrido sino su margen. El sujeto ya no forma parte del movimiento; observa desde afuera. Es una figura de aislamiento, de alguien que ha quedado desplazado de aquello que antes compartía.

Aquí aparece una diferencia fundamental con "Muchacha (ojos de papel)". Allí predominaba la protección, la delicadeza y la contemplación. La muchacha dormía; el yo poético la cuidaba. Incluso el propio Spinetta definió aquella canción como una canción "machista", atravesada por la calma y la sensibilidad.

En "Blues de Cris", en cambio, desaparece esa quietud. El blues sostiene una tensión permanente. Musicalmente también cambia el registro: ya no predomina la ternura sino una energía más áspera, más intensa, más cercana al conflicto.

Cuando dice "Y si la ves pasar y no habla es porque sabe que, atado a mi destino, sus ojos al final olvidaré", aparece otro puente con Muchacha (ojos de papel). Aquellos ojos, que antes eran el centro de la contemplación amorosa, ahora son precisamente aquello que el sujeto intenta olvidar. Los ojos permanecen como símbolo, pero su significado cambia completamente. El paso del amor al desamor queda condensado en esa transformación.

Más adelante la canción modifica levemente otra imagen: la mente ya no está "colgada como un árbol", sino "perdida como un árbol". El árbol continúa funcionando como metáfora del propio estado interior. Antes era el desconcierto; ahora también es el extravío.

Uno de los momentos más potentes aparece con "Zumbando en mi caverna gris, la voz de Cris me llega y no cesa." La voz ya no consuela como en Muchacha (ojos de papel), cuando el poeta pedía "no llores más". Ahora se convierte en un zumbido, casi como un insecto molesto, constante. La "caverna gris" representa un espacio cerrado, íntimo, donde el sujeto permanece encerrado con sus propios recuerdos. Allí resuenan el grito inicial y esa voz que insiste una y otra vez. 

La canción insiste finalmente sobre los mismos ejes: el destino, los ojos y el olvido. Esa repetición no parece buscar una resolución, sino mostrar que el sujeto permanece atrapado dentro del mismo conflicto.

"Blues de Cris" es una canción profundamente introspectiva. Expresa el hartazgo, el dolor y la dificultad para desprenderse de un amor que todavía persiste. Comparada con Muchacha (ojos de papel), puede leerse como el otro extremo del mismo recorrido sentimental. En una aparece la construcción amorosa y en la otra, su derrumbe. Sin embargo, el desamor no elimina el amor: lo confirma. Porque sólo puede doler aquello que alguna vez fue verdaderamente amado.

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