Por Matías Rótulo
Publicada el viernes 7 de agosto en El Popular
Leonardo Carlini (voz y guitarra), Elvis Morales (batería), Eduardo Acevedo (armónica y coros) y Aldo Espondaburu (bajo) reafirman lo estético y lo político, conjugándolos en un disco que no tiene puntos bajos. La imagen arquetípica del pensador, del mago, del profeta o del artista antiguo que domina la portada de Héroes poseídos invita a detenerse en ella antes de escuchar la primera nota. Un anciano sostiene una esfera azul en la palma de su mano, e inevitablemente asociamos ese objeto con el planeta que habitamos. La pregunta que debemos hacernos, antes de emprender la escucha del disco, es: ¿quién sostiene realmente nuestro mundo y quién decide su destino? Luego, las cuestiones poéticas -vale advertirlo- serán de extrema crudeza, pero también de una sensibilidad encantadora.
Las canciones
"Verduga" (así, en femenino y singular, aunque luego en la letra aparezcan "los verdugos") abre el disco. Instala un clima de asedio: "Cuando de repente viene esa tristeza y ya... / se acumulan fuerzas para derrotarte más". La tristeza deja de ser un estado de ánimo para convertirse en un enemigo organizado. Aparecen allí cráneos masticados por un "mundo subterráneo", lo que convierte a la mente en un territorio físico estrujado por batallas interiores. La imagen recuerda al conde Ugolino de La Divina Comedia, condenado a un sufrimiento perpetuo por Dante. Esta lucha interna también aparece en las exigencias del mercado, cuando denuncia que vivimos en "el facilismo de todo, pronto, listo y ya". Las "tormentas, rayos y centellas" exteriorizan el conflicto interno, mientras "los verdugos de tus sueños" representan las múltiples fuerzas que terminan destruyendo toda esperanza. La canción posee un hermoso estribillo.
"La Perla", segunda canción del disco, continúa explorando el territorio de la conciencia. Todos los elogios llegan antes de la letra, cuando un riff de guitarra demoledor arrasa la escena. La canción sostiene una reflexión sobre la revancha, la culpa y la redención: "Vamos, que ahora queda otra oportunidad de resarcir tu error para poderte liberar". El sujeto lírico dialoga consigo mismo y con sus propios errores. El orgullo y el desprecio aparecen como obstáculos para la liberación.
Como un cuento
Como si retomara aquel cuento de Mario Benedetti, "A imagen y semejanza" (1968), donde el narrador observa el recorrido de una hormiga cargando un palo pesado en su soledad, la canción "Hormigas" recupera esa idea para convertirla en una crítica de nuestra sociedad. Las hormigas funcionan como metáfora del trabajo incesante: "Ya llega la hora de salir, te matan esas horas de trabajo". Sin embargo, evita el pesimismo -más allá de la descripción de la realidad- porque termina reivindicando el tiempo compartido, quizá con los hijos o con los seres queridos, cuando se confiesa que solamente quiere verlos crecer. La siguiente canción se llama "Arañas"y continúa observando el universo de los seres pequeños, individuales e íntimos, en un mundo social complejo. No son los insectos, somos nosotros, como bichos de ciudades convulsas. Con una música situada entre la milonga y el rock (¿con algo de country?), la protagonista construye pacientemente su propio mundo, tejiendo redes: "no puede escapar de su propia ilusión... fabricada con su imagen". La referencia apunta al universo de las redes sociales, con admiradores que elogian "su cara más bonita". La armónica, sustituyendo el tradicional solo de guitarra, acompaña una canción que crece lentamente hasta alcanzar uno de los momentos más intensos del álbum, sin perder nunca el resplandor de su belleza.
Canción de protesta
Con sus 2:42 minutos, "El Ave" ofrece un descanso en tono de samba o chacarera. La canción parece una filmación en sepia de una tarde primaveral en el río Santa Lucía: "sobre tus aguas, tus puentes; sobre los puentes, ruedas y gente...". La voz de Carlini se mezcla con la de Julio Víctor González, "Zucará" en un dúo sublime.
Después trasciende "Callejeros", y el compromiso vuelve a ser con lo artístico. Parece reflejar lo que ocurre entre una hija, un artista callejero y el pasajero de un ómnibus. Es un homenaje al artista libre que se las rebusca para llevar canciones a las "personas viajando a su trabajo".
Más adelante, en "Yo sé" aparece una declaración de verdades pronunciadas con cierta vehemencia y, entre todo lo negativo de nuestra sociedad, se rescata algún "rock and roll". Es el arte lo que se pone en discusión como una forma de protesta política. Bien por Carlini, que libra una batalla más allá de los discursos facilistas.
En "Deseo y razón" aparece la canción más hermética de todas, oscura tanto en su música como en su clima, como si fuera un relato de Horacio Quiroga. Debemos rescatar estos versos: "viene del oeste hasta morir en brazos de una tarde sospechada", y no habría mucho más que agregar, salvo la recomendación especial de escucharla con atención.
El cierre
Casi al final surge "Entre todos", donde el discurso es antibelicista y contrario a toda forma de violencia. La voz de Eugenia Bonilla canta: "en tiempos de guerra no hay descanso, suenan ráfagas y te escondés". Es un tema adrenalínico y, al mismo tiempo, apaciguador.
"Soneto para mi muerte" comienza con un coro de murga que calzaba perfectamente con la voz de Jaime Roos, aunque no está en el disco. Los créditos de la letra corresponden a Edgardo Carlini (¿hermano de Leonardo?). La canción aborda el momento de la espera de la muerte con dignidad, como alguna vez lo propuso Charly García o algún trovador en los romances: "No vengan con solemnes despedidas, que velorio no quiero...". Más allá de la profundidad del tema, la canción conserva algo entrañable, especialmente en su final, cuando el coro se va apagando lentamente en la distancia.
Y así se cierra el disco, de enorme generosidad con el público ya que Pecho e´ Fierro no hace solamente música, sino que nos involucra en su proclama político-artística. Este es un disco que se escucha con una mano en el corazón, la mente abierta y la responsabilidad frente al mundo que nos toca vivir.