Lulú toma el taxi es un misterio. Desde un diálogo con la milonga al rock and roll experimental en solo 36 segundos.
Vale la pena (o el goce) escuchar Spinettalandia y sus amigos, disco de 1971 que abre la puerta a un nuevo mundo spinetteano después de la separación de Almendra. Es un álbum extraño, atravesado por una experimentación que aparece tanto en la música como en la propia forma de grabarla, con la participación de Pappo, Héctor “Pomo” Lorenzo y Miguel Abuelo, entre otros músicos que pasaron por aquellas sesiones. Una de sus mayores rarezas, sin embargo, queda reservada para el final. "Lulú toma el taxi", compuesta por Luis Alberto Spinetta y sostenida prácticamente por su voz y su guitarra, dura apenas 36 segundos.
Sergio Marchi, músico que integró aquella banda, cuenta en Spinetta. Ruido de magia que probablemente el tema haya sido registrado durante una tercera o eventual cuarta sesión y lo define como “ese brevísimo brote rockero, casi un homenaje a Little Richard”. La observación resulta interesante porque Marchi ubica la canción dentro de un proceso en el que buena parte del material se construía en el mismo estudio y no llegaba necesariamente cerrado de antemano. Spinetta hablaba de “música espontánea” y llegó a relacionar aquella experiencia con una forma de “arte automático”, con instrumentos, voces, conversaciones, palmas y sonidos que podían incorporarse mientras la música iba ocurriendo.
Marchi no señala qué canción de Little Richard podría estar detrás de aquella comparación, pero hay al menos dos temas que permiten acercarse a lo que quizá estuviera escuchando en esos 36 segundos. Keep A-Knockin’ y Lucille tienen ese carácter primitivo del rock and roll, directo, insistente, apoyado en estructuras sencillas y en la reiteración como fuerza musical. En “Lucille” aparece además un elemento particularmente sugestivo, el nombre de un personaje convertido en parte central del ritmo de la canción. No sabemos si Marchi tenía específicamente estos dos temas en mente, pero permiten entender mejor el parentesco que encontró entre Little Richard y aquella pequeña explosión rockera de Spinetta.
Desde ese lugar se entiende mejor “Lulú toma el taxi”. Es una canción minimalista llevada hasta su máxima expresión, tanto musicalmente, por su duración, como por la letra que tiene. Pero justamente esa simpleza es lo que termina haciéndola compleja. No hay estrofas desarrolladas ni una historia que avance siguiendo una estructura convencional. Hay un nombre, un verbo, un objeto y una acción que vuelve una y otra vez. Spinetta necesita apenas unos segundos para instalar una situación y, al mismo tiempo, dejar casi toda la información afuera.
Historia trunca
Leída desde la literatura, la canción puede pensarse como una especie de microcuento extremo. Todo lo que sabemos ocurre dentro de una única acción, Lulú toma un taxi. El verbo tomar alcanza para poner la historia en movimiento y permite imaginar a Lulú parando el coche, acercándose, abriendo la puerta y subiendo, aunque ninguna de esas acciones aparezca narrada. No sabemos de dónde viene, hacia dónde va, qué acaba de ocurrirle ni qué sucederá después. La historia queda abierta en el mismo instante en que comienza y allí empieza a pesar tanto lo que Spinetta dice como todo aquello que deja afuera.
Incluso existe un segundo personaje que nunca es nombrado, el taxista. Para que Lulú pueda realizar la única acción de la canción tiene que haber alguien detrás del volante, un personaje cotidiano, porteño, montevideano o de cualquier ciudad donde el taxi forme parte del paisaje. Su presencia es indispensable para que la escena exista y, sin embargo, queda completamente omitida. También aparece una ciudad que nunca es mencionada, porque el taxi supone calles, esquinas, tránsito, un lugar del que se parte y algún sitio al que se pretende llegar. En una frase mínima quedan planteados una protagonista, un personaje secundario, un escenario y un desplazamiento, aunque casi todo permanezca del lado de lo elidido.
El nombre Lulú abre además otra posibilidad de lectura. No existe, al menos hasta donde sabemos, una declaración de Spinetta que permita relacionar su canción con Ahora te llaman Lulú, la milonga de Mariano Mores y Rodolfo Taboada interpretada por Tita Merello y Hugo del Carril. Por eso la relación no puede plantearse como una influencia comprobada. El diálogo posible, de todos modos, resulta sugestivo, sobre todo porque aquella versión fue registrada muy cerca temporalmente de Spinettalandia y sus amigos.
En la milonga, Lulú es justamente alguien que pretende presentarse como otra cosa. El hombre le reprocha que se haga la “cocota y midinette” y más adelante aparece aquella imagen de “Lulú de Montparnasse”. El nombre francés forma parte de una construcción, de una manera de representar cierto refinamiento y de tomar distancia del arrabal del que proviene. Lulú deja de ser solamente un nombre y pasa a formar parte de aquello que esa mujer pretende ser, una identidad atravesada por París, por el francés y por una sofisticación imaginada.
La Lulú de Taboada y Mores necesita construir esa apariencia, mientras que la de Spinetta toma un taxi. Si ambas canciones dialogaran, y solamente podemos plantearlo como una posibilidad de lectura, el movimiento resulta interesante. Aquel nombre asociado con cierta sofisticación francesa queda colocado en una acción absolutamente cotidiana. Lulú no llega a Montparnasse ni necesita explicar quién es. Simplemente toma un taxi.
Quizás allí esté una de las mayores rarezas de esos 36 segundos. Spinetta no explica quién es Lulú, no cuenta por qué se va, no dice hacia dónde viaja y tampoco muestra qué sucede cuando el taxi arranca. La historia queda planteada exactamente en el punto en que debería comenzar su desarrollo. Esa combinación entre una acción extremadamente sencilla y todo lo que permanece omitido hace que “Lulú toma el taxi” sea, en su pequeñez, bastante más compleja de lo que parece.