¿Qué contención les brinda el Estado a niños y niñas abusados sexualmente? ¿Qué acciones emprende el sistema público y privado de salud, educación, judicial, los organismos de la infancia y los medios de comunicación para trabajar en la prevención y detección del abuso sexual, así como en el posterior amparo de los abusados?
Por Matías Rótulo y Daniela Fassanello
Publicado originalmente en Semanario VocES, agosto de 2010. Este reportaje resultó ganador de la categoría Prensa del I Concurso Regional de Periodismo de Investigación “Violencia sexual contra niños, niñas y adolescentes”. La autoría del proyecto presentado al Concurso Tim Lopes correspondió a Matías Rótulo y para la investigación se contó con el apoyo de la periodista Daniela Fassanello.
El ejercicio de los derechos
El ejercicio de los derechos de niños, niñas y adolescentes debe ser puesto en debate. ¿Estamos haciendo las cosas bien en Uruguay, en Derechos de niños, niñas y adolescentes? ¿Los estamos considerando sujetos de derechos?
Desde hoy, y durante este mes, presentaremos en el Semanario Voces, el producto final de una investigación realizada en el marco del concurso “Tim Lopes”. Revisaremos las acciones a nivel estatal para garantizar cuatro derechos fundamentales: la salud, la educación, la familia y la intimidad. Más aún, trataremos de dar una aproximación sobre cómo el Estado asegura estos derechos básicos, particularmente en el caso de los niños/as abusados/as.
El abuso sexual infantil en Uruguay
El Sistema Integral de Protección a la Infancia y Adolescencia contra la Violencia (Sipiav), que integran distintas organizaciones tales como el Instituto del Niño y del Adolescente (INAU), el Ministerio de Desarrollo Social (Mides), el Ministerio del Interior y la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP) y otras, procura realizar una tarea conjunta para trabajar en la protección de la infancia en nuestro país.
El Sipiav realizó un estudio en 2008 en el área metropolitana. Según este estudio la violencia emocional es el tipo de maltrato más frecuente registrado en la población atendida por el SIPIAV, ya que 8 de cada 10 lo registran, seguido del maltrato físico con 42,3% y, posteriormente, por el abuso sexual con el 33,1% de todos los casos detectados de violencia.
Según informó el diario El País en mayo de 2008 “cada dos días se denuncia a la Policía en Montevideo una violación ‘consumada’ cuya víctima es un niño o un adolescente”. En el año 2007 hubo 159 casos, tal como lo determinó el “Observatorio de Violencia y Criminalidad del Ministerio del Interior”. Según la información publicada por el diario El País, en 2006 hubo 144 casos y el año anterior 153 (estos datos serán ampliados en próximas entregas).
Como es lógico, y tras una llegada a casi el 100% de los niños y niñas del país, la educación primaria pública y privada tiene entre su alumnado a estas víctimas de abuso sexual. El CEIP no lleva datos estadísticos sobre los porcentajes de abuso sexual que se detectan en las escuelas —el CEIP tiene la fiscalización de la educación pública y privada— y es muy difícil poder implementar ese tipo de controles, según aseguraron las autoridades.
El abuso sexual
Prácticamente todas las definiciones encontradas en diccionarios académicos, a partir de trabajos teóricos, sitios de Internet, o expertos consultados apuntan a definir el abuso sexual desde el “no consentimiento” de una de las partes. En el caso del abuso sexual infantil incluye el no consentimiento, el engaño, y la autoridad del abusador, generalmente que tiene una relación de “poder” con el niño/a abusado/a.
En el abuso sexual contra niños y niñas se están afectando, vulnerando y violando los derechos de los niños/as abusados/as sexualmente. Además, las consecuencias físicas y psicológicas dejan secuelas que pueden llegar a ser permanentes.
Detectando el abuso
“Para mi alumno fue realmente traumático. Volver a la escuela fue uno de los aspectos más difíciles de superar para él. Nos llevó un trabajo de readaptación importante, que incluyó atención sicológica y social. Tenía el miedo previo por ‘lo qué dirán’. A veces los niños son curiosos, sus compañeros preguntaban por qué no venía a clases, y no sabíamos qué responder. El otro miedo que tenía el niño, algo que iba más allá del entorno escolar, era por el castigo que pensaba él, iba a recibir por parte de los adultos. Si bien en la casa fue importante la contención que tuvo, el hecho de que su tío fuera el abusador, hizo que la familia se destruyera, y que el ambiente no fuera el mejor lo cual hacía que el pequeño se sintiera culpable, de algo de lo cual era víctima”.
Así contó su experiencia una maestra que pudo detectar el abuso de un niño. La maestra R.S. explicó que “yo pude detectar un abuso sexual, desde el aula, pues pasamos mucho tiempo con nuestros alumnos y en constante evaluación de sus procesos. Justamente, el evaluar el proceso del niño me ayudó a identificar que algo fallaba”.
Tras sospechar, la maestra habló con la madre y comenzó un proceso que llevó a que finalmente se descubriera el abuso. Lo determinante fue que en la Escuela, el niño por su comportamiento pudo dar muestras de lo que le ocurría.
“Él me habló con ese silencio que grita, que nos pide ayuda y que nosotras desde nuestra preparación podemos detectar: el niño introvertido que en primer año era un niño alegre, y en tercero muestra serias dificultades para relacionarse, para hablar, para moverse, para aceptar un rezongo… Hay cuestiones, actitudes que no son por la timidez, que son verdaderos gritos por ayuda”.
Cambio de comportamiento
En una presentación de caso se estudia la situación de abuso sexual que sufrió una niña desde el punto de vista psiquiátrico, por parte de la Revista de Psiquiatría del Uruguay en 2007. El informe destaca que “tanto María como sus padres continúan negando rotundamente un posible abuso sexual y la presencia de cualquier síntoma que pudiera preocuparles o motivar la consulta, excepto una inflexión en el rendimiento escolar, siendo el año anterior muy buena alumna”.
En la entrevista, “la niña se muestra muy alerta, ansiosa, controlada, vigilante sobre su entorno, restregándose las manos sudorosas, pendiente del registro de la historia clínica”. Agrega que María “participa poco, solo cuando se le requiere; adhiere dócilmente a la propuesta de seguimiento. No dibuja, arruga la hoja que tiene delante. Se evidencia una marcada discordancia entre la anamnesis, negativa, y el examen psiquiátrico donde María presenta un sufrimiento ansioso muy importante, que posiblemente esté inhibiendo sus capacidades cognitivas y su actividad espontánea, interfiriendo con el juego, el aprendizaje, la alegría de vivir y la globalidad de su desarrollo emocional y social”.
Que el silencio no gane
El artículo 13 de la Convención sobre los Derechos del Niño dice: “El niño/a tendrá derecho a la libertad de expresión; ese derecho incluirá la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas de todo tipo, sin consideración de fronteras, ya sea oralmente, por escrito o impresas, en forma artística o por cualquier otro medio elegido por el niño/a”.
Por otro lado, el silencio muchas veces gana en el abuso sexual. El director del INAU Jorge Ferrando explicó que “no es visible muchas veces, pues es un abuso silencioso, que ocurre puertas adentro, y que al niño/a le genera muchas angustias, muchos miedos” por lo que es necesario que el niño/a sea escuchado, que se le crea”.
“Miedo. Miedo de las posibles represalias de su familia si cuenta lo que sucede”, explica sobre algunos de los sentimientos de los niños/as abusados, en el “Mapa de Ruta” que en la educación pública y privada se implementó en todo el país, para que maestros y maestras tuvieran una herramienta práctica para intervenir en casos de abuso sexual contra niños/as.
El Mapa de Ruta implementado por el Consejo de Educación Inicial y Primaria (CEIP), especifica las actitudes del niño/a más frecuentes, que en el caso de un abuso sexual —así como en otro tipo de abusos tales como los físicos y psicológicos— marcan el comportamiento del niño/a.
Para el sicólogo Víctor Giorgi “si uno ve que un niño/a de seis, siete años tiene un lenguaje que da conocimiento de órganos sexuales del adulto, o que tiene dificultades de aprendizaje, comportamiento y que pasó a ser introvertido, eso es una alerta que nos debe advertir” explicó. Angustia, ambivalencia y confusión, son otros tres rasgos que puede mostrar el niño/a abusado, explica el Mapa de Ruta de Primaria.
Claro está que si bien las actitudes pueden dar muestra de una situación, no son determinantes, por lo que es necesario buscar el diálogo con el niño, tal como coincidieron todos los entrevistados. La maestra R.S. explicó que “tras ver el cambio de actitud, tuve que hablar con el niño. Tengo que admitir que tuve miedo, pero consideré si yo sentía que él me hablaba con su mirada, la palabra tenía que ser lo definitivo”.
El Presidente del CEIP maestro Oscar Gómez, dijo que “los maestros compartimos más que la educación, compartimos parte de la vida de los niños”, y muchas veces “somos los maestros los que después de la familia generamos en ellos una válvula de escape, una confianza que se logra a partir de la palabra, herramienta que nos hace personas y que los maestros tenemos como fundamental”.
Un estudio realizado por el Sipiav explica que “en primer lugar las situaciones de violencia no son fáciles de detectar, la incidencia de los sistemas de creencias y prejuicios favorecen la invisibilidad, la no denuncia, la subdeclaración y en consecuencia la impunidad de estas situaciones”.
Según se explica en el informe “frecuentemente estas situaciones se dan en un contexto de silencio y ocultamiento legitimado por sistemas de creencias, comportamientos y subculturas. Estos sistemas de creencias tienden a legitimar los contextos de desigualdad y sometimiento de un género hacia los niños/as y adolescentes”.
Las dificultades para la detección de estas situaciones “residen en que se da en el ámbito de privacidad, y frecuentemente ocurre en el medio intrafamiliar. Cuando trasciende a la esfera pública y hay mayor visibilidad del fenómeno, se registra un aumento de revelación de las situaciones con una mayor predisposición a la develación por parte del sujeto, familia o comunidad”.
Por otro lado, destaca que “las prácticas violentas como modalidad de crianza, trae aparejada su naturalización, y a aceptarlas como lo cotidiano, donde el castigo físico es legítimo y prima el uso de la violencia como forma de resolver los conflictos”.
Hacer visible lo invisible
El sicólogo Víctor Giorgi, ex director general del INAU, dijo que “el mayor cómplice que tiene el abuso sexual infantil es el silencio”. Señaló que el abuso sexual tiene en la mayoría de los casos como escenario el “entorno familiar”, lo que lo hace ver como un tema “privado” aunque “no lo es”.
El experto destacó que “todavía está presente en nuestra cultura la idea de que la familia es un espacio cerrado, y esto se encuentra más donde hay un mayor peso religioso”. Y además explicó que si bien desde la Convención sobre los Derechos del Niño y el Código de la Niñez se brindan herramientas para que desde lo legal este tema esté superado, en nuestro país está superado, pero existe esa creencia como dominante”.
El director del INAU Jorge Ferrando destacó que “fue importante trabajar con distintos actores de la opinión pública, para ubicar este tema como algo público y no como una cuestión privada”, que se inició en el año 2007 con la creación del Sipiav. Destacó las políticas seguidas este año que han puesto a las prácticas de abuso como un tema visible, y “se sacó este tema del entorno de lo familiar o barrial, para hacer entender que hay prácticas que vulneran los Derechos de los niños, y niñas”.
Todos los expertos consultados tuvieron en cuenta el papel de los medios de comunicación, la salud, la educación, el Poder Judicial, organizaciones no gubernamentales, asociaciones civiles y demás, en la colaboración conjunta como forma de prevenir y actuar frente al abuso sexual infantil.
También en todos los casos, se vio al papel “fundamental” de la educación, como transmisor de principios, prácticas saludables, y educación en derechos desde los primeros años de vida como forma de entablar un diálogo inter-social que permita generar conciencia en la comunidad.
El Instituto Interamericano del Niño (IIN) destacó en 2003 la necesidad de que los Estados “aseguren una apropiada asignación de recursos para enfrentar la explotación sexual comercial de niños/as, la promoción de la educación y la información para la protección integral de los niños, niñas y adolescentes y la reafirmación de la importancia de la familia y de la comunidad como dos de los ejes centrales de toda intervención”.
Educar y prevenir
Las corrientes pedagógicas que dominaron el siglo XX plantaron la bandera de educar para prevenir. Desde José Pedro Varela en nuestro país, la educación además de ser un arma para el progreso, también significaba solucionar buena parte de los problemas que sufría el Uruguay por aquellos años de Varela —década de 1870—, con una convulsionada vida política y social.
La Educación puede cumplir su primera función: la de educar. Puede —desde la educación— llegar a ser una herramienta efectiva para prevenir y detectar el abuso sexual contra niños/as. Por un lado educando a niños y niñas —y por ende a los miembros de nuestra sociedad teniendo en cuenta la obligatoriedad que rige en nuestro país de la educación primaria—, sobre la educación sexual y los derechos de niños, niñas y adolescentes. Por otro lado, realizar una tarea activa en la prevención y detección del abuso, en este caso, el abuso sexual.
Para ello “se necesita que todos los actores que están en contacto con niños y niñas asuman la responsabilidad, y estén capacitados”.
El rol de la escuela
El título de tapa del diario El País del domingo 24 de mayo de 2009 sostenía sobre el caso de una niña que sufrió abuso sexual y luego fue asesinada que ese caso “revela fallas en detectar abuso en escuelas”. ¿Tiene la Escuela la obligación de detectar abusos sexuales? ¿Cuál es el rol de la Escuela?
“La escuela sola no puede”, dijo en el año 1933, la maestra María Espínola, en un congreso pedagógico celebrado en Montevideo. Los requerimientos que la sociedad reclama de las instituciones educativas, no están tan lejos de aquel reclamo realizado en medio de una dictadura.
En Uruguay, durante el gobierno del Dr. Tabaré Vázquez (2005-2010) se estableció la Estrategia Nacional de Infancia y Adolescencia (ENIA), en la cual se marcaron los lineamientos generales de acción para el quinquenio 2010-2015 de atención a la infancia. El documento final establece políticas generales sobre educación sexual. Propone la ENIA en el punto cuarto del capítulo “Infancia-3 a 12 años” la “promoción de hábitos saludables de vida en niños y niñas: Avanzar en el accionar conjunto de los sistemas de educación y salud en higiene, alimentación, educación sexual, prevención de adicciones, etc.”.
La Escuela, la Educación en General, parece ser el ámbito más adecuado para educar al respecto. Pero si vamos a la pregunta inicial ¿debe ir más allá la Escuela y saltearse de la obligación de educar para ser detectora de casos de abuso?
Para Giorgi la Escuela tiene una responsabilidad educativa. “En estas cuestiones de protección a la infancia hay una obligación de las instituciones. Pero hay que ver las posibilidades operativas que tienen las instituciones y que es una obligación que las instituciones que estén en contacto con niños actúen al respecto como en la alimentación o en la higiene. Pero no puedo culpabilizar a una institución porque un caso de abuso no se haya visto” explicó Giorgi.
Según el Mapa de Ruta “la Escuela no es un ámbito de atención a la violencia familiar sino un ámbito educativo”. Sin embargo “por el tiempo que el niño permanece en la institución y fundamentalmente por el tipo de confianza que se establece con sus pares y docentes, ésta se constituye en un ámbito privilegiado para la detección y revelación de las situaciones” de abuso sexual contra niños/as.
DDHH: política de gobierno
El papel de la Escuela para todos los actores consultados es claro. La escuela como espacio de aprendizaje, y de prevención, teniendo en cuenta el papel de la educación en tal sentido. Unesco estableció en 2008 la necesidad de “educar para prevenir”, más aún en cuestiones de salud.
Cuando asumió el 1° de marzo de 2005 la Presidencia de la República, el Dr. Tabaré Vázquez, anunció que una de las políticas que su gobierno llevaría adelante, era la de seguir una línea de fomento y respeto de los Derechos Humanos. Esa política, debía ser aplicada transversalmente por todas las instituciones del Estado.
Y la educación no fue la excepción. El informe de gestión 2005-2009 de la ANEP informó que “se instaló en todo el sistema, un programa de educación sexual, que lleva adelante líneas sistemáticas de educación, investigación e información de gran relevancia”. La implementación de la Educación Sexual determinó desde el año 2006 un cambio cualitativo en los criterios de educación, incorporando un plan unificado a todo el sistema.
Particularmente, la institución que recibe en sus aulas a más de 450 mil niños y niñas —Según el Anuario Estadístico del MEC, 2008— es el Consejo de Educación Inicial y Primaria. El Presidente del organismo —consejero en el período 2005-2009—, maestro Oscar Gómez, explicó cómo esta institución aporta —desde una línea de los Derechos Humanos— a la educación sexual, y en particular, se previene, detecta y atienden los casos de abuso sexual contra niños/as.
“Primaria observó la necesidad de trabajar para dar cumplimiento de los Derechos Humanos”. Toda acción que emprendió desde el año 2005 el Consejo de Primaria, se enfatizó a trabajar en la incorporación de la educación física y la educación sexual.
“La educación física obligatoria en las escuelas, también forma parte del trabajo encaminado al respeto de los Derechos del niño. Es el reconocimiento de su cuerpo, el trabajo con él, pero sobre todas las cosas, aprende a respetar los espacios del otro, y a hacer respetar su propio espacio. Un respeto que nace del respeto que él mismo aprende sobre su propio cuerpo”.
Pero a su vez, se elaboró un Mapa de Ruta en el Ámbito Escolar que pretende ser una guía para maestros y maestras sobre cómo actuar en estos casos.
Un mapa de ruta
“El maestro encontraba cierto desconocimiento para tratar los temas de abuso sexual. Si detectaba un caso ¿A quién recurría?, ¿Al abusador?” se preguntó Gómez en la entrevista realizada para esta investigación.
El Mapa de Ruta, un instrumento aplicado al nivel primario de la educación —también se aplicará a Secundaria y UTU— especifica que cada niño y niña tienen siempre a un adulto referente. “Alguien de su entorno más íntimo, siempre aparece como referente” explicó Gómez. “Los maestros, también adoptan una posición de confianza frente a los niños”.
Cuando se aplicó el Mapa de Ruta “los maestros tuvieron una orientación técnica que les permitía decidir a dónde se dirige primero y qué hacía después”.
La ex directora general de Educación Primaria Edith Moraes explica en el prólogo del Mapa de Ruta que “La Escuela es ese espacio de encuentro donde se configura un entramado de relaciones a partir de la función educativa”.
El Mapa de Ruta especifica que “en términos general, la violencia hacia los niños/as comprende el maltrato infantil y el abuso sexual”. El informe del Sipiav explicaba que “la violencia es un fenómeno complejo, multidimensional y que obedece a múltiples factores psicológicos, biológicos, económicos, sociales y culturales. Ejercida contra los niños/as y adolescentes es una acción que viola los derechos fundamentales inherentes a la condición humana y afecta lo físico, las emociones, los vínculos y en consecuencia a la sociedad en su conjunto”.
No todos los maestros tienen capacitación
Para esta investigación se consultó a diez maestras de Montevideo de una escuela de la zona de Pocitos-Punta Carretas, y una escuela del Paso Molino, para conocer su parecer sobre algunos aspectos relacionados a la detección de abuso.
La consulta se hizo por separado y se les aseguró a los maestros reservar sus identidades. A su vez, tenemos en cuenta que el valor de lo recogido es testimonial de un caso particular en un centro educativo.
Los diez maestros coincidieron en que el Mapa de Ruta es una herramienta que recibieron en su momento, pero que a nivel institucional, no se puso más énfasis en el mismo como para trabajar desde el ámbito de toda la escuela. Todas las maestras dijeron conocer el Mapa de Ruta, y que el hecho de no usarlo, fue porque no detectaron ningún caso sospechoso de abuso.
Al preguntarles si podían explicar cuáles eran los elementos para detectar un posible abuso, ocho de las diez maestras se remitieron a los cambios de conducta como valor principal, pero viéndolo como un factor de posibles actitudes violentas.
Las otras dos maestras mencionaron: el cambio de conducta, el retraimiento del niño, el cambio en el rendimiento —siempre en baja—, señales físicas de golpes, y una de las dos maestras mencionó la posibilidad de que el niño o niña, tenga temores tales como aproximarse a un adulto, hablar de su entorno familiar, llorar sin explicación.
Las diez profesionales destacaron la importancia de la capacitación del maestro, y el seguir trabajando con el Mapa de Ruta.
Volver a la escuela
El Mapa de Ruta dice muy poco sobre cómo actuar una vez que un niño/a abusado debe volver a la Escuela. ¿Se garantiza el goce de los Derechos de niños y niñas tras volver a clase?
Ya el poder educarse aparece como un derecho fundamental inalienable que gozan los niños y niñas en nuestro país y que tiene una asistencia cercana al 100% —Según el Monitor Educativo de Primaria, 2008—. Pero ¿Cómo se vuelve a clase? ¿Cómo se logra garantizar el Derecho a la educación sin vulnerar el derecho a la intimidad?
En la vuelta a clase “hay que recibirlo con naturalidad” y tratar de que el chico “no quede señalado y no generar fantasmas alrededor del niño” explicó para esta investigación el sicólogo Víctor Giorgi. “Hay que darle una recepción positiva al niño”.
Según la maestra R.S. “yo lo recibí con alegría, tiene que volver con alegría”. Para Ferrando “educar es un derecho que se debe garantizar”. Las maestras consultadas coincidieron que en un hipotético caso de abuso sexual sobre algún alumno/a, podrían llegar a solicitar apoyo a los equipos de inspección o interdisciplinarios.
Apoyo a los maestros
A partir del Mapa de Ruta, Primaria formó grupos de referencia para darle apoyo y capacitación a los maestros. La intención de las autoridades es que los centros educativos públicos cuenten con su propio apoyo de sociólogos y sicólogos.
En el año 2009, la creación de cien cargos para ocupar dichos cargos de profesionales quedó vacante. Este año, las inspecciones departamentales de Primaria se comprometieron a profundizar el trabajo en la detección e intervención de las instituciones educativas frente a situaciones de abuso contra niños/as.
Las autoridades educativas consultadas aseguraron que se está trabajando para “mejorar el Mapa de Ruta”. El programa Escuelas Saludables del CEIP, que funciona en las inspecciones departamentales, se comprometió en abril de 2010 a profundizar el trabajo en procurar mejorar la detección y prevención del abuso sexual contra niños/as.
En tal sentido, se fomentará la preparación psicológica y física de los maestros, así como también los funcionarios. El coordinador del Programa Escuelas Saludables, Daniel Conde, explicó que en un encuentro de inspectores realizado en la Facultad de Ciencias Sociales este año “se trabajó en las prioridades del 2010. Este año se tratará de vincular nuestro programa y nuestro accionar a las políticas nacionales de protección a la infancia desde una perspectiva de respeto a los derechos de los niños/as” dijo.
“La idea es que el maestro, y los funcionarios no docentes, tengan una preparación psicológica, un buen estado de salud, ellos mismos, para servir de apoyo a un niño abusado”.
Cuestión de derechos
El Código de la Niñez y la Adolescencia, ley 17.823, vigente en Uruguay desde setiembre de 2004, define las situaciones en las cuales un niño o adolescente es víctima de maltrato o abuso sexual. Establece que la autoridad que reciba denuncia de estas situaciones deberá comunicársela de inmediato al juez competente, evitando en todo momento la revictimización del niño —artículos 130 y 131—.
Pero ya desde nuestra Constitución de la República se establecen normas jurídicas que protegen el derecho a la vida, a la integridad física, al honor y a la dignidad de todos los habitantes del país.
Además el Estado uruguayo ha suscrito tratados de derechos humanos del sistema universal de protección —ONU— y del sistema interamericano —OEA— que rigen en la materia.
El artículo sexto de nuestra Carta Magna señala: “Los habitantes de la República tienen derecho a ser protegidos en el goce de su vida, honor, libertad, seguridad, trabajo y propiedad. Nadie puede ser privado de estos derechos sino conforme a las leyes que se establecieren por razones de interés general”.
En este marco normativo, el Código de la Niñez y la Adolescencia indica “Del maltrato y abuso del niño o adolescente” los artículos 130 y 131 como definición del maltrato y abuso infantil: “A los efectos de este título entiéndase por maltrato y abuso del niño o adolescente las siguientes situaciones, no necesariamente taxativas: maltrato físico, maltrato psíquico-emocional, prostitución infantil, pornografía, abuso sexual y abuso psíquico o físico”.
Sobre esta base, la misma Ley en el artículo 131 expresa “ante denuncia escrita o verbal por la realización de cualquiera de las conductas mencionadas en el artículo anterior, la autoridad receptora deberá comunicar el hecho de forma fehaciente e inmediata al Juzgado competente. En todo caso el principio orientador será prevenir la victimización secundaria”.
Los artículos 2 y 3 del Código de la Niñez y la Adolescencia establecen que los niños, niñas y adolescentes son “sujetos de derechos, deberes y garantías” y especifica “todos los niños y adolescentes son titulares de derechos, deberes y garantías inherentes a su calidad de personas humanas”. A su vez —art. 3— expresa “todo niño y adolescente tiene derecho a las medidas especiales de protección que su condición de sujeto en desarrollo exige por parte de su familia, de la sociedad y del Estado”.
Proyectos públicos que apuntaron a la educación
En los últimos años, algunos proyectos desde la órbita pública-privada, se fueron fomentando con apoyo de distintas organizaciones tanto nacionales como internacionales. Una de las principales metas de los proyectos era la capacitación de los docentes, en temas referidos al abuso sexual infantil y a la divulgación de un mensaje a la sociedad que trabajara en cuanto al respeto de los derechos de niños y niñas. A modo de ejemplo, repasaremos tres proyectos que se implementaron desde el año 1999 con estos fines.
El proyecto “Apoyo al niño víctima de maltrato y abuso sexual infantil” fue ejecutado en diciembre 1999 a diciembre 2002. El mismo tuvo el apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) con el Ministerio del Interior —Programa de Seguridad Ciudadana—. El proyecto se implementó en Montevideo y área metropolitana. Consistió en la capacitación de docentes de escuelas en detección precoz y primer abordaje a situaciones de maltrato y abuso sexual infantil. Tratamiento psicológico y socio educativo para niños/as y sus familias.
Proyecto “Campaña de bien público para la prevención del Maltrato y el Abuso Sexual Infantil”. En el período enero-abril de 2003, UNICEF y la Comisión de Infancia-IMM desarrollaron en la capital un proyecto conjunto utilizando el slogan “La infancia no es de juguete... trátala siempre con respeto”. Con este programa se difundieron 2.000 afiches en los ómnibus de la ciudad, 60 afiches en los refugios de las paradas de ómnibus y se distribuyeron 1.500 adhesivos en la jornada recreativa y de teatro para niños(as) realizada en la explanada de la IMM el 25 de abril, Día de la lucha contra el maltrato infantil, a la cual fueron invitadas escuelas y centros infantiles de la zona 1 de Montevideo.
El proyecto “Atención especializada a núcleos familiares que viven situaciones de maltrato y abuso sexual infantil” fue ejecutado en junio 2005 a octubre 2006, financiado por MIDES-BID —Programa INFAMILIA—, en Montevideo y área metropolitana. Este proyecto consistió en la atención de 100 núcleos familiares que vivían situaciones de maltrato y abuso sexual infantil, comprendiendo también capacitaciones para la detección y primer abordaje de las situaciones anteriormente mencionadas, dirigidas a los equipos que trabajan en las instituciones que forman parte de la red comunitaria del Programa Infamilia —CAIF, SOCAT, Escuelas, Policlínicas Barriales—.
Rompiendo mitos
En el año 2002 se publicó en Chile la “Guía Básica de Prevención del Abuso Sexual”. El estudio, elaborado con el apoyo del Gobierno de la Quinta Región de Valparaíso, la ONG Paicabi y el gobierno de Chile, fue un aporte a la educación, en donde se explica lo qué es el abuso sexual, y se brindan herramientas para prevenir y actuar al respecto. El trabajo fue coordinado por la psicóloga Valeria Arredondo Ossandón. Allí, el trabajo aborda los diferentes mitos que existen sobre el abuso sexual. Tomamos aquí este trabajo, y reproducimos textualmente algunas de las “creencias erróneas” —tal como lo presenta el documento— sobre el abuso infantil.
“El Abuso Sexual es sólo cuando ocurre una violación o penetración por parte del abusador/a.”
Falso: El término Abuso Sexual como ya se indicó en el apartado anterior implica una serie de conductas de tipo sexual que se realizan con un niño o niña, dentro de las cuales se encuentra la violación, existiendo una serie de otras formas de abuso, todas ellas consideradas como Abuso Sexual.
“El Abuso Sexual Infantil es poco frecuente o no existe”.
Falso: El Abuso Sexual Infantil constituye una forma de maltrato infantil altamente frecuente en nuestra sociedad. No obstante, el mismo temor de los niños y niñas víctimas para develar la situación, así como las aprehensiones de los padres o cuidadores al sospechar de una situación de abuso, hacen que los casos que se denuncian aún constituyan un porcentaje menor, comparado con el universo total de casos afectados por esta problemática, sospechándose la existencia de una gran cifra negra de casos de Abuso Sexual no detectados.
“Los Agresores Sexuales son enfermos mentales”.
Falso: La presunción que detrás de cada agresor/a sexual existe alguna patología psiquiátrica que explique su conducta abusiva es errónea. La mayoría de los abusadores/as sexuales, si bien presenta algún tipo de trastorno psicológico a la base, realiza los abusos en conciencia sin ningún estado de enajenación mental propio de alguna patología psiquiátrica, evidenciando incluso una adaptación normal al resto de los ámbitos de su vida.
“Los Abusos Sexuales son fáciles de detectar”.
Falso: La creencia de que un caso de Abuso Sexual se detecta rápidamente es errónea. Múltiples son las razones que dificultan la identificación del abuso, tales como: miedo del niño o niña a castigos, amenazas del abusador/a hacia el niño o niña, creencia del niño o niña de que no le van a creer o lo van a culpar de lo sucedido, y tal vez la más importante es que como adultos no estamos preparados para hacerle frente a una realidad como esta, resultándonos más simple pensar que no está sucediendo realmente, que no vemos lo que vemos, que debe ser un error lo que sospechamos, o que simplemente estamos exagerando al sospechar.
“Los niños o niñas generalmente mienten cuando señalan que están siendo víctimas de algún abuso”.
Falso: La conducta más natural de los niños o niñas es decir la verdad cuando algo les afecta o les está haciendo daño, la mentira que si bien se puede dar en otros ámbitos o situaciones de la vida de un niño corresponde más bien a la fantasía. La probabilidad de que un niño o niña llegue a elaborar como fantasía una situación de Abuso Sexual es bajísima, por lo tanto cuando un niño o niña nos denota que algo así le ha ocurrido, lo más probable es que estemos ante una situación de abuso real.
“El Abuso Sexual Infantil ocurre sólo cuando hay pobreza”.
Falso: El Abuso Sexual Infantil ocurre en todas las clases sociales y todos los estratos socioculturales. Lo que sucede es que en clases con mayores recursos económicos se tiende a ocultar aún más la situación, produciéndose menos denuncias a instancias públicas o privadas.
“El Abuso Sexual es provocado por la víctima”.
Falso: Cualquier conducta del niño o niña que ha sido víctima de una situación de abuso puede ser entendida por el agresor/a como una provocación, como una forma de justificar su propio comportamiento. Por lo tanto tras esta creencia se encuentra sólo un intento de culpabilizar a la víctima de su propio comportamiento abusivo.
“El Abuso Sexual Infantil ocurre en lugares solitarios y en la oscuridad”.
Falso: La mayor parte de los Abusos Sexuales cuyas víctimas son niños o niñas son cometidos por personas conocidas, como ya se mencionó en el apartado anterior, y por tal generalmente ocurre en espacios familiares dentro de su entorno y a cualquier hora del día.
“Los Abusos Sexuales afectan a niños o niñas mayores o adolescentes”.
Falso: Los Abusos Sexuales pueden afectar a niños o niñas de diversas edades, siendo el grupo más vulnerable los niños o niñas menores de 12 años, encontrándose casos de niños y niñas abusados sexualmente incluso en rangos menores a los 2 años de edad.
Notas
- Sipiav. “Informe de Gestión 2008”.
- Con el fin de preservar el derecho de intimidad de niños víctimas de abuso sexual, se omitirá toda referencia que permita la identificación del niño: barrio, escuela, nombre de maestros, etc.
- M. Pazos. Tomado de la Revista de Psiquiatría del Uruguay, Volumen 71 Nº 2, diciembre 2007.
- El Mapa de Ruta fue elaborado en conjunto por Unicef, la Universidad de la República, Infamilia, Ministerio de Salud Pública, Ministerio del Interior, INAU, ANEP y CEIP.
- IIN – Juventud para Cristo. “La protección de los derechos de niños, niñas y adolescentes frente a la violencia sexual” – 2003.